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Mayo 2015
Los políticos llevan demasiado tiempo actuando a espaldas de la sociedad, han roto con ella, y al hacerlo han lastrado las democracias
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¿Cuánto
avanzaríamos en el combate a la pobreza si fuera prioritario abatir las
desigualdades que ésta genera?¿Si se apostara decididamente por prestar
servicios de salud de primera, por la educación e investigación, por el combate
sin tregua a la corrupción y a la impunidad que están comiéndose a nuestro
País? Si los mexicanos vieran la acción genuina de sus autoridades en pro de
esto, sin duda que se acabaría el negocio de las campañas millonarias y por
ende del financiamiento millonario también para solventarlas, y habría una
actitud muy distinta del electorado llegada la fecha de la renovación de cargos
públicos.
Históricamente
en las elecciones legislativas la abstención es muy alta, no solo en México,
incluso en países del primer mundo. La gente se siente identificada cuando van
a elegir a un gobernador o a un presidente, pero no a un diputado. Para hacerle
frente a esta situación, la única solución es que los candidatos se mantengan
en la calle haciendo un trabajo “dinámico y permanente”.
Pese
a la desmotivación que invade al electorado, los aspirantes al Congreso tienen
que estimular la participación. La otra opción es quedarse en su casa para que
todo siga igual.
El
premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, apunta que “al principio la política
falló porque no supo anticiparse a la crisis, ni la vio llegar; y después
porque no tomó medidas para impedir el crecimiento de la desigualdad, ni actuó
contra los abusos de las corporaciones”.
Esto
conlleva otro riesgo, porque cuando las personas se sienten atrapadas, buscan
mesías, y en ese gremio se dan por toneladas los embaucadores y, a menudo, los
canallas.
Por
su parte,el sociólogo Juan Carlos Zubieta Irún, profesor de la Universidad de
Cantabria, expresa que: “el comportamiento indigno y zafio de algunos políticos
provoca que los ciudadanos se alejen de ellos”.
Y
tiene razón, el incumplimiento de las promesas hechas en campaña explican,
verbi gratia, el repudio de amplios sectores de la población ¡No nos
representan!, dicen los electores.
El
sociólogo francés Alain Touraine,cree que “los políticos llevan demasiado
tiempo actuando a espaldas de la sociedad, han roto con ella y al hacerlo han
lastrado las democracias”, sometidos a la salvaguarda de sus particulares
intereses o al de grupos, renuncian a su papel de “mediadores institucionales
entre el Estado y la sociedad a la que representan, con lo cual nos dejan a
casi todos fuera del sistema”. Y ¿sabe quiénes pueblan ese espacio dejado al
margen?
Zygmunt
Bauman, el filósofo y ensayista polaco, ganador del Premio Príncipe de Asturias
de Comunicación y Humanidades en 2010, dice que la circunstancia de que el poder
se encuentre en manos de “grupos casi abstractos y que parecen fuera del
alcance de las instituciones, produce una sensación de impotencia y ha echado
abajo los dos pilares sobre los que se debe de articular un país: la
solidaridad y la confianza”.
Eso
está sucediendo en nuestro País, de ahí el hartazgo que se refleja en esta
indiferencia con la que responden a los procesos electorales. Es un “váyanse al
diablo”.
Estimado
conciudadano, quedarnos sumidos en una rebeldía de no participar, de no me
importa quién llegue, de no me interesa qué le suceda al País… ¿a quién le
conviene?... La elección de 7 de junio, no es una más, es la renovación de la
Cámara de Diputados, el poder que el Constituyente creó para equilibrar al
Poder Ejecutivo –Presidencia de la República– y que nunca los mexicanos hemos
habilitado. Usted decide.
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