Estamos en un momento crucial para cambiarle el derrotero
a nuestra entidad, ya basta de las mismas promesas electorales
Esther Quintana Salinas
La lucha contra un sistema
como el que rige en Coahuila desde tiempos inmemoriales, es decir desde
siempre, para ser eficaz debe darse en el ámbito cultural. La cultura política
no debe concebirse como un punto de partida sino como un punto de llegada, es ahí
en lo que debemos de centrar nuestros esfuerzos, quienes estimamos que en
Coahuila debe darse la alternancia.
De que se necesita sangre
nueva en la política, está fuera de discusión, lo que no debe permitirse es que
lleguen a ejercerla personas divorciadas con los principios y los valores
éticos que se requieren, para irle limpiando la suciedad que le han impuesto
hasta hacerla repulsiva, los que solo la estiman como un medio para hacerse del
poder.
Necesitamos una generación de
políticos que estén en condiciones de vislumbrar la prosperidad de los
gobernados en términos de educación, de salud, de empleo, una nueva clase
política, que no le tenga miedo a la honradez. En nuestra Coahuila los
escándalos de corrupción están a flor de piel, y esto ha causado más
desconfianza y rechazo, sobre todo porque los culpables están sueltos, y el
partido del que provienen los ínclitos, ni suda ni se abochorna, se conduce
como si no tuviera ninguna responsabilidad en ello y no tiene empacho en
presentarse a las elecciones con el traje de la inmaculada. Me pregunto qué es
más insultante ¿si sus corruptelas o su cinismo?
En Coahuila el problema de la
construcción de un poder público, legítimo y eficaz, es estremecedor, pero
pareciera que al ciudadano promedio no le ha caído el veinte, como se dice en
términos coloquiales, de lo que esto representa, y más grave porque el crimen
organizado está haciendo su agosto en la entidad, y ello no es más que el
reflejo de esa ausencia. Y no menos dramático, es el peso asfixiante de la
deuda heredada de la administración anterior y legitimada por los diputados
locales del partidazo, los efectos deslegitimadores de la austeridad pública,
la dificultad de impulsar la actividad económica, el servicio público rebajado
a los criterios de gestión…Todo esto no es más que la consecuencia de que el
sistema imperante está agotado.
Debemos reflexionar con absoluta
seriedad y responsabilidad sobre las posibilidades de una política capaz de
producir innovaciones sociales, y eso es algo que el PRI se niega a entender,
porque la realidad es que las innovaciones sociales ya no se gestan en las
instancias políticas, sino en los otros espacios de la sociedad, vuelva la
vista a la tecnología, las finanzas, el arte, la ciencia, y se dará cuenta de
que tienen una dinámica muy distinta a la inmovilidad tozuda que le ha impuesto
a la política el régimen sempiterno de Coahuila. Estamos en un momento crucial
para cambiarle el derrotero a nuestra entidad, ya basta de las mismas promesas
electorales, es hora de los grandes diseños que resulten de un rico debate
social. Nunca como hoy se requiere la reflexión democrática en medio del grave
impass que nos agobia.
Estas elecciones para
ayuntamientos le dan una oportunidad de oro a los coahuilenses para iniciar la
construcción de una entidad moderna, en la que la población deje de ser
concebida como una masa que no piensa, ni razona, sino de una comunidad de
personas de carne y hueso, que sufren, que exigen, que se manifiestan, respecto
de las cuales la autoridad tiene una serie de deberes que cumplimentar, pero no
como concesión graciosa, sino porque para eso están.
No espere usted que el
partido de siempre y sus candidatos vayan por esto, no les interesa, no quieren
instituciones democráticas ni poblaciones educadas cívicamente, porque esto
arruinaría el analfabetismo político que han inculcado y sobre el que han
enraizado su hegemonía.
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