18 de Octubre
En México se ha convertido en negocio, pujante negocio, ser delincuente.
En palabras del politólogo norteamericano Samuel Huntington, la
corrupción tiende a propagarse en períodos de rápido crecimiento y
modernización, debido al cambio de valores y nuevas fuentes de riqueza y
de poder. Lo traigo a estas reflexiones que hoy me permito compartir
con usted porque tenemos que explicarnos lo más racionalmente posible lo
que está sucediendo en nuestro país, porque estará usted de acuerdo
conmigo que lo de Guerrero no es un hecho aislado. En los últimos 20
años se han venido mezclando valores propios de una sociedad consumista,
que entroniza la riqueza material como razón toral de su existencia,
con los del enriquecimiento fácil, sin importar la procedencia. La
corrupción y el auge del narcotráfico, hoy día son fuente “inagotable”
de bonanza para muchos. No ha sido difícil que permeen, hay condiciones
culturales para que así suceda.
Vuelvo a Huntington. Escribía que
la corrupción es “como el aceite que permite funcionar los engranajes,
aunque manche a quien lo toque”; tan es así que este entendido es parte
del lenguaje popular: Se habla de “aceitar” un trámite cuando se soborna
al fulano o la fulana del que depende que se haga, en México se dice
“maicear o untar”. Con este arrope huérfano de ética creció y se
multiplicó. Se “acepta” como una modalidad en las relaciones de poder,
“funciona” como una instancia de reproducción social, por encima de las
instituciones y prácticas legítimas, “para hacer perdurar una relación
de poder injusta o una lógica económica sin límites”.
En su libro Corrupt Cities, Robert
Klitgaard,
Ronald MacLean-Abaroa, y H. Lindsey Parris, destacan que los gobiernos
locales —generalmente más débiles que los gobiernos nacionales— pueden
caer en la corrupción sistémica. ¿Por qué? Porque los sueldos suelen ser
más bajos y, en consecuencia, el personal tiende a ser menos
calificado. También porque aumenta el riesgo de que se designen
funcionarios por mandato de una gavilla con poder, o con un enfoque
populista. Derivado de esto, los gobiernos pueden quedar en manos de
oportunistas sin escrúpulos o de idealistas bien intencionados, pero
incapaces de gobernar, y entonces la administración de la ciudad, se
convierte en caldo de cultivo ad hoc para que “florezca” una caterva de
dictadorsetes, un sistema corrupto, o ambos.
La situación de
corrupción generalizada contribuye a la deslegitimación de las
instituciones públicas y privadas, agudiza la perversión de las
costumbres políticas y de las prácticas económicas, el Estado se vuelve
incapaz de controlar estos procesos que, articulados a las presiones de
la nueva elite económica surgida del narcotráfico para conquistar
espacios políticos, junto con la intensificación de la violencia, de la
delincuencia organizada, dan como resultado profundas crisis sociales.
En Guerrero, además, están la violencia endémica multiforme, acicateada
por la pobreza y la marginación material y cultural, y la ineficiencia
de la justicia. Pero no es el único foco, se están multiplicando a lo
largo y ancho del país. En México se ha convertido en negocio, pujante
negocio, ser delincuente.
El “maridaje” entre las estructuras de
gobierno y las de la delincuencia organizada está viento en popa a toda
vela, y en proyección nacional. Se exhibe con desparpajo. La insensatez
del estado - entendido este como organización política - traducida a la
tolerancia, cuando no que a la complicidad, hacia la corrupción, ha
puesto en jaque la gobernabilidad de nuestro país, y por ende la
seguridad nacional. También hay otro ensamble, el de los partidos
políticos y candidatos con el narcotráfico. No basta con el
financiamiento público para las campañas, son muy costosas. Con esto no
solamente se distorsiona la competencia democrática y enloda la
política, que ya es deleznable, sino que vienen aparejados crímenes
impunes, fosas clandestinas colmadas de cadáveres sin identificar,
desaparecidos y quien sabe que más… Iguala ilustra a detalle la
pudrición del sistema.
En México se está matando con extraordinaria facilidad.
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