José María Aznar, el expresidente de España decía
que hay dos cosas a considerar para concretar la alternancia en el
poder: tener la voluntad de cambiar las cosas y claridad acerca de lo
que se quiere hacer, porque: “…no se llega al Gobierno para heredar y
ponerse a flotar. Se llega al Gobierno con el deseo de cambiar las
cosas”. También expresaba, que frente a la posibilidad de la alternancia
se debe hacer “…un cambio inteligente. No se debe cambiar lo que está
bien sólo por el hecho de que no lo hicimos nosotros”. No son palabras
al viento, es sustantivo que no se pierda de vista, toda vez que la
alternancia en Coahuila está a la vuelta de la esquina, y sería muy
lamentable que no ocurriera así.
Don Héctor Gros Espiell,
distinguido jurista y Vicepresidente de la Corte Interamericana de
Derechos Humanos y antiguo Relator de las Naciones Unidas sobre Libre
Determinación de los Pueblos expresa que: “La alternancia en el Gobierno
es un elemento esencial de la democracia (porque) la continuidad
indefinida en sus cargos del o de los mismos titulares del Ejecutivo,
aún en el caso hipotético de que ello sea el resultado de un
pronunciamiento electoral libre del pueblo, sin coacción ni fraude, es
un factor distorsionante para la democracia… porque el continuismo
indefinido genera peligrosos elementos personalistas y autocráticos que
afectan negativamente la existencia de una democracia real”.
Y
comparto absolutamente lo que dice porque lo que ha venido sucediendo en
Coahuila, deviene precisamente de esa permanencia indefinida. Una de
las más graves consecuencias es que en nuestro Estado no existe la
división de poderes, aunque así se establezca en la ley, y por ende no
existen contrapesos para el Poder Ejecutivo, cuya preeminencia sobre los
otros dos, nos convierte en ejemplo contundente del despreciable
presidencialismo, lo que acarrea corrupción e impunidad. Esta es nuestra
historia de manera sintetizada.
Por otro lado, el ideal
democrático es que los gobiernos sean electos por el pueblo, pero aquí
quien los elige es el abstencionismo, aliado absoluto del voto cautivo
con los que el PRI se ha mantenido gobernando por más de ocho décadas, y
si a esto le suma los votos que se anulan como sinónimo de protesta,
pues estamos aviados. Y aún hay más, porque en el fondo lo que
constituye la FUENTE de este desapasionamiento por todo cuanto se
vincule con política y poder, es la AUSENCIA devastadora de CIVISMO.
Puesto así, se explica con claridad meridiana, que el pueblo soberano
—nomás de nombre— se convierta en un mero instrumento de ratificación
de “más de lo mismo” ad perpetuam. No hay forma desde esta perspectiva,
que la cosa pública en Coahuila sea diferente. Y esta circunstancia para
nada fortalece a nuestra enteca y deteriorada democracia. La
continuidad indefinida en el poder, como ocurre en Coahuila, es posible
gracias al entramado perverso de privilegios, clientismo, complicidades
para el grupúsculo de aliados incondicionales del régimen, y la amenaza y
la dádiva de migajas a las clases menos favorecidas económica e
intelectualmente.
Sin ejercicio LIBRE de la voluntad al ejercer
el voto, es imposible concebir una verdadera alternancia que tenga
sentido en el Estado Democrático moderno. En Coahuila hoy, es urgente,
imprescindible y necesaria. Se trata de una invitación a liberar al
sufragio de ataduras políticas y que al momento de depositarlo en las
urnas se piense en lo que es BUENO para la sociedad de la que uno es
parte.
Tantos años en el poder por lo mismo y haciendo lo mismo,
deteriora la eficacia y la eficiencia de las instituciones públicas, se
convierte en caldo de cultivo ad hoc para el abuso y para que crezcan a
sus anchas la corrupción y la impunidad, y todo esto en perjuicio
directo de la comunidad, y esto significa alejarse en el día a día, más
y más, de alcanzar el BIEN COMÚN. Es tiempo de hacer cuentas y de
exigir que se asuman errores sin odios y sin llantos, nada más con
firmeza. Coahuila merece esa oportunidad. Debemos abrirle espacio a un
derrotero distinto, quienes lleguen tendrán que demostrar en los hechos
que es genuino el compromiso de ejercer el poder en favor de los
gobernados, y de limpiar la casa de TODOS a fondo y de frente. La
alternancia es un instrumento de gobernabilidad democrática, usémoslo a
nuestro favor.
Estamos conscientes que el voto es libre y
voluntario, que nadie puede obligar a nadie a sufragar de manera
obligatoria, pero también tenemos el deber de actuar cuando estamos
viendo —y pagando las consecuencias— que los intereses que vienen
favoreciéndose desde hace más de ocho décadas en Coahuila, no son los de
Coahuila. En el caso del PAN, si el voto favorece el advenimiento de la
alternancia, el reto, como bien lo expresara Luís Felipe Bravo Mena en
otro momento, pero que nos viene como anillo al dedo en este, será “no
convertirnos en una lastimosa caricatura de nuestros adversarios”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario