25
de Julio 2015
Cinco
siglos antes del advenimiento de Cristo, el filósofo chino Confucio expresaba
que: “Donde hay educación no hay distinción de clases”. En pleno siglo 21 esto
es absolutamente vigente.
Y
lo es, porque la función sustantiva de la educación en el desarrollo, tanto
individual como colectivo de los seres humanos y los pueblos, es decisiva en
nuestros días, en el hoy, porque el debate sobre la desigualdad ha entrado de
lleno en las agendas públicas de los países.
Según
un informe de Naciones Unidas, el 8 por ciento de la población más rica del
mundo posee el 50 por ciento de los ingresos a nivel mundial, mientras que el
92 por ciento comparte el otro 50 por ciento.
Asimismo,
mil 200 millones de personas viven con menos de 1.25 dólares al día, y 175
millones de jóvenes de países con ingresos bajos y medio bajos simple y
llanamente son incapaces de leer una frase o parte de ella.
La
desigualdad provoca ausencia de equidad en el acceso a la educación. Y la falta
de educación, o una educación de baja calidad, generan pobreza y desigualdad.
Los niños y niñas que no pueden desarrollar su potencial a través de la
educación, tienen muy condicionado su futuro, porque la situación crónica de
pobreza y exclusión pende como espada de Damocles, sobre su vida entera. Se
trata de niños, y sobre todo niñas, condenados desde que nacen a vivir en medio
de la carencia eterna de todo cuanto le permite a las personas vivir como
tales.
En
septiembre próximo la comunidad internacional deberá ponerse de acuerdo para
establecer la nueva agenda de desarrollo universal para los próximos 15 años.
Una de sus prioridades será la lucha contra la desigualdad, con la educación
como uno de los pilares fundamentales para combatirla en todos los países y
sociedades del mundo.
Sí,
LA EDUCACIÓN, porque es el instrumento idóneo por antonomasia para promover el
desarrollo integral de manera equitativa, es el multiplicador de oportunidades
para emparejar las condiciones con las que las personas pueden VERDADERAMENTE
mejorar su existencia.
La
educación DE CALIDAD, inclusiva, transformadora y equitativa, aumenta la
capacidad crítica de las personas, la que les enseña a reflexionar y a hacer
juicios de valor, la que los compele a participar en la vida pública y por ende
a fortalecer la democracia. Es la educación la que les permite aumentar sus
ingresos al acceder a mejores empleos y esto genera crecimiento económico para
el país.
Urge,
por ello, que la educación sea la prioridad número UNO en la agenda del
desarrollo nacional. La educación vuelve prósperas a las comunidades, por eso
Nelson Mandela señalaba que “la educación es el arma más poderosa para cambiar
el mundo”.
Hicimos
una reforma educativa, ¿por qué se está batallando tanto para implementarla?
Son las propias criaturas del régimen las que se están encargando de bloquearla
¿Quién o quiénes están financiando la debacle?
Por
otro lado, pero vinculado, esta semana el Consejo Nacional de Evaluación de la
Política de Desarrollo Social (Coneval) dio a conocer las cifras sobre la
pobreza en México. Son desalentadoras. Aumentó el número de mexicanos en
pobreza, de los 53.3 millones que había en 2012, a 55.3 millones que se
contabilizaron en 2014.
Es
más que evidente que en materia económica el País no está avanzando y este
déficit se está reflejando en muchos otros ámbitos de la vida como en la
educación, el bienestar y la seguridad.
Las
cifras dadas a conocer por Coneval sobre la pobreza en México, muestran que el
desempeño de este gobierno en materia social va en retroceso. La errónea
reforma fiscal implementada por el gobierno peñista está afectando de manera
directa a las familias mexicanas. El aumento del IVA en la zona fronteriza, la
no deducibilidad de las inversiones, la cancelación del Régimen de Pequeños
Contribuyentes y el IEPS, constituyen parte de las malas decisiones del
Gobierno Federal en materia económica, mismas que los legisladores del PAN
señalamos como equivocadas desde la Cámara de Diputados y las votamos en
contra, y aun aprobadas por los tricolores y sus ad lateres, insistimos en
corregir, están dañando gravemente la economía de nuestro país.
¿Qué
espera el gobierno peñista para corregir el rumbo? ¿Hasta dónde cree que el
País va a aguantar esta crisis? Es un caos su administración. No bastan los
discursos para decir que todo está bien, esos que él pronuncia dentro y allende
los mares. México está viviendo horas aciagas, y el 2016 no será Jauja. Tiene
que escuchar otras voces, otros puntos de vista, la cerrazón y la soberbia de
quienes lo asesoran están llevando a nuestro País al precipicio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario