12
de Septiembre de 2015
No
son tiempos buenos los que estamos viviendo en México, la descomposición del
gobierno de tan “clara” y evidente, estremece.
Los
hombres detrás del trono en el que parapetan al presidente Peña Nieto, están
comiéndose vivo al personaje que se inventaron para gobernar al País después de
que consiguieron a billetazo “limpio” y mañas recicladas y renovadas, que 19
millones de mexicanos regresaran al partidazo al poder tras los 12 años de
alternancia, y en la debacle están haciendo tiritas a la otrora suave patria.
Los
principios democráticos en los que se sostiene una nación están
desquebrajándose y degradan sin pudor alguno la de por sí endeble jerarquía del
ciudadano. Es tan obvio el quebranto, en los dos órdenes, material y
espiritual, que resulta imperativo saber hasta dónde pretenden llegar con esta
andanada de desesperanza colectiva que le recetan TODOS LOS DÍAS a la
población.
Una
nación es fuerte en la medida en que su gobierno se ocupa de la solución de sus
problemas sociales, sobre todo, pero aquí está sucediendo lo contrario. Es una
mezcla de horror y de náuseas estar viendo a quienes está ordenando la
nomenclatura que se nombre, o que se cambie de ordeñadero, para que se
encarguen de ello.
El
desapego a la ética en sus conductas, el abandono de valores cívicos y morales
que debieran ser prioritarios para quienes lo acompañan en sus tareas, lo que
el propio Presidente se ha permitido desdeñar, son síntomas indiscutibles de la
decadencia que embarga a su administración.
Los
últimos escándalos, una conversación telefónica protagonizada por Gerardo Ruiz
Esparza, su secretario de Comunicaciones y Transportes. No voy a abundar en
ella, solo subrayaré que se desprenden olores nauseabundos de corrupción. ¿Y
qué? No va a pasar nada. El Secretario seguirá siéndolo, al cabo que a los mexicanos
los tienen muy sin cuidado esos “detallitos”. ¿Qué no? Usted dirá.
Esta
semana el conclave que manda a EPN, volvió de entre los muertos a Roque
Villanueva, el de la “elocuente” señal con la que festejó el aumento del IVA,
pero eso es pecata minuta ante la designación de uno de los miembros más
oscuros del Partido Verde, Arturo Escobar y Vega, como subsecretario de
Prevención y Participación Ciudadana de Gobernación... ¡Que horror! Sin duda
que su “probidad” fue muy ponderada para conferirle el cargo. Fue integrante de
la 62 Legislatura, de modo que no hablo de oídas, hombre de genuflexión eterna
y defensa a ultranza al PRI, arrogante y soberbio. No me cabe duda que su
nombramiento obedece al pago de favores pero, ¿qué culpa tiene el pueblo de
México?
La
fractura moral que padece nuestro País es profunda, por eso la permisividad con
la corrupción y el arrobamiento por lo económico, ambos explican la
entronización del narcotráfico y anexas y el solapamiento vergonzante a la
cleptocracia.
Somos
un País agobiado por la delincuencia organizada que cobra vidas todos los días,
con una de las clases políticas más corruptas del mundo y un amplio sector
empresarial coludido con ella. Con medios de comunicación masivos muy bien
cebados por el sistema, que se han encargado de manipular a la población para
que solo crea lo que ve y escucha a través de ellos. También es de mencionarse
que a la perversidad de los partidos clientelistas que están brotando como
hongos, no les interesa el desarrollo democrático del País, sino el
financiamiento millonario que se les otorga. Es grosero lo que reciben los
partidos políticos, en general, mientras millones de mexicanos carecen de lo
elemental, con ello se les condena a la marginación de por vida.
La
clase política es un reflejo fiel de la sociedad de la que proviene. Hubo
tiempos en los que se decía que a la política se entraba por vocación y que
ésta se ponía al servicio de la sociedad, me queda claro que el grueso de los
cofrades, hoy día, no está por esa razón. ¿Hacia dónde vamos? La podredumbre
moral y ética de quienes nos gobiernan y su “peculiar” manera de ejercer el
poder están destrozando a México, pero también la ceguera y el valemadrismo de
sus habitantes contribuyen con largueza, a que así suceda.Es criminal el país que
estamos dejando a los niños y a los jóvenes, y a cuantos llegarán cuando
nosotros nos hayamos ido. ¿Sabe cómo me siento a veces, generoso lector? Como
Agar en el desierto ¿usted, no?
Martin
Luther King lo advirtió prístinamente: “Nuestras vidas empiezan a acabarse el
día que guardamos silencio sobre las cosas que realmente importan”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario