28
de Marzo 2015
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Son, con su tarea
sustantiva, determinantes en el desarrollo de un país. Ser maestro es todo un
desafío, es un reto en el día a día, por el impacto social que tiene y más,
pero mucho más, cuando se enseña en un contexto de alta vulnerabilidad.
La sola
circunstancia de transformar la vida de un alumno que, por la marginación y la
pobreza en la que vive, las tiene todas en contra, es una encomienda de
gigantes. Nada más póngase en los zapatos del mentor e imagine cuánto tiene que
hacer para enseñarle a esa personita asignaturas de cuyos contenidos, en su
casa, lo más probable es que sus padres -si es que los tiene- o con quienes
vive, no tienen ni la más pálida de idea sobre qué versan y por tanto no existe
la posibilidad de que lo apoyen.
Asimismo, suplir
las carencias y o las deficiencias de hábitos, conductas y actitudes que quizá
por el entorno en que vive, no se le han enseñado; enseñarle a comunicarse de
una manera tal vez muy diferente a la que está acostumbrado a escuchar, darle
razones y sembrarle sueños para motivarlo a crecer por dentro, a convencerlo de
que es un ser valioso, con dignidad, con talento, con todos los derechos
reconocidos a los seres humanos, y a fijarse metas y objetivos a alcanzar para
salir adelante, pero sobre todo, a que aprenda a creer en sí mismo y en sus
fuerzas interiores. Es una fortuna tener maestros que te lleven de la mano, con
generosidad, con paciencia ilimitada, por esa geografía deslumbrante y te
enseñen a transitar por ella.
Sopese el tamaño
del desafío y también el de la vocación de un profesor que tiene que ser eso y,
además, papá o mamá, psicólogo, amigo, y muchas veces hasta paño de lágrimas.
Por supuesto estoy hablando de un MAESTRO, no de vándalos sin escrúpulos, a los
que la autoridad COBARDE, y tan sinvergüenza como ellos, les paga, aún y cuando
han abandonado sus deberes, porque prefiere eso a tener que meterlos en
cintura, como se hace con cualquier delincuente.
Eso es lo que está
ocurriendo en Oaxaca, Michoacán y Guerrero. La impunidad en todo su apogeo,
cobrando sin trabajar, entregándoles plazas por encima de lo dispuesto en la
Constitución de la República, solapados por los gobiernos blandengues a los que
han puesto de rodillas, dándole en toda la torre a la economía de esas de por
si pobrísimas entidades federativas y, lo peor, ultrajando el derecho a la
educación de miles de niños.
México es un país
con enormes y dolorosas desigualdades, todavía no superamos los retos que la
pobreza nos exhibe, todavía hay millones de mexicanos que nada más sobreviven.
Cuando me topo con esa realidad lacerante, y no tengo que ir al sur profundo de
la República para encontrármela, se me revuelven los dentros y me pregunto de
qué están hechos los crápulas gobernantes que roban sin sonrojo alguno dinero
público, que se vuelven ricos de la noche a la mañana -ellos y toda su
descendencia- , cuando en su triste vida no habían tenido ni en qué caerse
muertos, a costa del infortunio de los más necesitados, y además es tanta la
perversidad, que los tienen convencidos de que les tocó ser pobres y que deben
conformarse con su suerte. Los alimentan con migajas, y de ribete les cobran
cuota de “agradecimiento”, consistente en votar por su partido, para que sigan
medrando hasta la consumación de los siglos.Vuelvo a la educación. La educación
es fundamental para que este País se salve. Luchar contra corriente es
agotador, pero no hay alternativa. La reforma educativa tiene que aplicarse
como fue concebida. Es urgente, necesario, importante, que sean los mejores
maestros los que estén frente a grupo, y los hay, hay mentores excepcionales,
casados con su vocación, que se esfuerzan por cumplir a cabalidad con sus
deberes, aun y cuando las condiciones en que deben desempeñarse no son las
mejores. Esos son los que deben enseñar a los niños y jóvenes de este País. Los
líderes sindicales corruptos y las autoridades coludidas para que fracase la
aplicación de la reforma educativa, le están robando a México la oportunidad de
realizarse como nación, como pueblo integrado a plenitud.
Es esencial
reconocer que para atender esta debacle se necesita el esfuerzo sostenido y a
largo plazo no solo de profesores y estudiantes, sino de los padres de familia,
ellos son los primeros responsables de la educación y formación de sus hijos,
aun con todas las limitaciones materiales e intelectuales que puedan llevar a
cuestas.
Invertir en
educación hace la diferencia entre una nación exitosa en TODOS LOS ÁMBITOS del
quehacer humano, y una mediocre, azotada por gobernantes sin escrúpulos que se
ayuntan con quienes han hecho de la delincuencia su modus vivendi, en
detrimento de cuantos honestamente se esfuerzan y luchan por tener un país en
el que quepamos todos, y en el que ser persona en toda la extensión de la
palabra, y ser tratado como tal, deje de ser aspiración.
No tienen m… quienes
se oponen a esto.