‘Las mujeres que buscan
cargos políticos deben ser valientes porque las dificultades son muchas, y los
golpes físicos y morales también’, Margarita Dalton
En
1953 apenas, a las mexicanas se les reconoció su derecho a votar y ser votadas
a nivel federal, con la reforma constitucional a los artículos 34 y 115. Fue un
17 de octubre. Sesenta años nos separan de aquella fecha. ¿Y qué ha pasado en
el inter?
Pues
muchas cosas, pero todavía las mexicanas estamos lejos de ocupar los espacios
suficientes, desde donde se puede cambiar el destino de una nación, de a de
veras. Sin duda que el derecho al voto significó un avance importante en el
reconocimiento a nuestros derechos políticos, pero aun no se consolida la
democracia participativa.
En
pleno siglo veintiuno y todavía este país no ha tenido una presidenta de la
república, ni jamás hemos sido mayoría en el Congreso de la Unión, bueno, ni
siquiera en los congresos locales. Hoy no tenemos ni una gobernadora. Y en la
Suprema Corte, sobran dedos de la mano para contar ministras, no obstante, vale
mencionar que en el Poder Judicial es en donde existe más presencia femenina,
pero en las primeras instancias, porque en la segunda, también se cuentan en
minoría. En Coahuila solo tenemos una alcaldesa y ya va a concluir, no llegó
ninguna para el próximo ciclo. ¿Por qué? ¿Por qué no hay más?
Para
un cargo de elección popular es requisito previo la postulación por un partido
político, con la reforma reciente vienen las candidaturas independientes, pero
no estimo que esa vaya a ser razón de peso para que aumente la participación de
mujeres. Sigue vigente una cultura política, un código masculino que no incluye
a las mujeres en la planificación a largo plazo y en la negociación. Y esto lo
destaco porque para que una mujer acceda al poder político, no basta con ser
militante, implica un aprendizaje integrado por habilidades, aptitudes,
actitudes y prácticas de liderazgo político, que se aprenden en el terreno
donde se dan, pero si las excluyes de este, no es posible su adquisición.
Pese
a esto, hay mujeres que no se arredran y van entrando a la arena a fuerza de
voluntad, inteligencia y determinación. Apunta la investigadora Margarita
Dalton que “las mujeres que buscan cargos políticos deben ser valientes porque
las dificultades son muchas, y los golpes físicos y morales también”. No hay
espacios para pusilánimes y aquella que quiera llegar, tiene que aprender, en
primer lugar, a no dejarse vencer por el desánimo y crecerse ante las
dificultades.
El
proceso de democratización de la sociedad demanda mayor participación de
mujeres en los cargos políticos, y esto se traduce en desgaste y riesgos, y
quien no pueda asumir esto, pues poca oportunidad tendrá de cumplir con su
objetivo y seguiremos sin fortalecer las dos alas de México.
El próximo jueves se cumplirán 60 años de que por mandato de ley podemos votar y ser votadas, y sin embargo todavía no tenemos la fuerza suficiente para determinar el rumbo que queremos para este país. Sigue pendiente abrevar en una fuente que vuelve invencibles a quienes de ella beben: la solidaridad. A ver si lo entendemos. Ese es el reto.
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