Febrero 27, 2016
En los regímenes dictatoriales, esos de corte caciquil, de los que
todavía existen en nuestro País, claro que maquillados con los polvos de
elecciones periódicas a la que se les llama pomposamente democráticas…
pero ya me estoy saliendo de tema. Retorno; decía que en un régimen de
esa naturaleza, se impide el arribo de los mejor preparados.
A
los capaces, por principio -IRRACIONAL- se les posterga en forma
sistemática, porque son peligrosos. Esta exclusión se cobra muy cara,
porque llegan los peores. Esta barbaridad -con perdón de los bárbaros-
constituye una violación agresivamente dolosa, porque se mantiene lejos,
con pleno conocimiento de causa (adrede, pues; para subrayarlo), fuera
de toda posibilidad de acceso, a los pensantes y con principios, y sin
estos, la sociedad no progresa y se estanca.
Es devastador que
triunfen los peores. Para que estas “victorias” se den hay un
ingrediente siempre de por medio, lo que la siquiatría denomina
“trastornos de mediocridad”. En palabras llanas, la ausencia de presión
social.
Y es que la mediocridad es la madre de la conformidad, de
la domesticación de la voluntad en sus diferentes grados. Y hablando de
mediocres, los estudios del tema clasifican a los mediocres en simples e
inoperantes.
El mediocre simple sigue el cencerro sin más
aspavientos, no es exigente… nomás lo mínimo. Pero al mediocre
inoperante, al darle todo igual, sin distinguir entre lo bueno y lo
malo, lo hermoso y lo feo, no tiene ni de lejos deseo alguno de
propiciar progresos de ningún tipo ni tamaño, en asunto que intervenga,
LO ESTANCA. Con este tipo de mediocre siempre opera el “más vale malo
por conocido que bueno por conocer”. De modo, que de su parte: CERO
innovación.
Cuando un individuo con esta “patología” llega a un
cargo público, no tarda en mostrarse: parálisis funcional progresiva, a
la que se suma casi siempre una HIPERFUNCIÓN burocrática, con la que
pretende disimular lo que natura le negó. Cuando este tipo de
mediocridad es SEVERA, pasa a ser Mediocridad Inoperante Activa, y
entonces, además de lo descrito, le invade un deseo irrefrenable de
notoriedad y de control e influencia en todo lo que se mueva.
Le
da por asignar funciones de “seguimiento y control” porque esto le
permite deshacerse de adversarios creativos y talentosos. En el puesto
público tiende a ordenar cantidades enormes de trabajo, pero
INNECESARIAS, e introducir todo tipo de regulaciones y obstáculos para
entorpecer aquellas actividades que realmente son creativas y
productivas. Por otro lado, el mediocre inoperante activo es
generalmente, envidioso, le duelen el bien y el progreso de los demás.
La excelencia particularmente les produce alergia, de modo que
destruirla es consigna, con todos los medios a su alcance.
Como
habrá usted caído en cuenta, a mayor mediocridad, mayor agresividad en
el desempeño del cargo. Hay especímenes francamente intolerables, porque
además de mediocres adoptan poses de diva, se vuelven inaccesibles. Es
una forma ridícula para demostrar lo “importantes” que son, pero no le
arreglan ni un café. La mediocridad de la clase política mexicana no
discrimina, en su cofradía hay hombres y mujeres. Muchas veces sin
estudios ni experiencia alguna, nada más por mandato del “dedazo” o del
servilismo llegan al cargo público. Ah… y si le resultan rateros, peor
se pone el asunto, y el remate: la impunidad. La nomenclatura protege a
sus agremiados.
En su obra “Camino”, José María Escrivá,
refiriéndose a cuestiones del carácter, pero va que ni pintado para
estas reflexiones sobre la mediocridad en la política, que usted hace
favor de leer.
Le comparto: ¡Qué modo tan trascendental de vivir
las necedades vacías y qué manera de llegar a ser algo en la vida
–subiendo, subiendo– a fuerza de “pesar poco”, de no tener nada, ni en
el cerebro ni en el corazón! Porque así son los mediocres y qué daño le
han hecho a esta disciplina del quehacer humano, que es la Política.
La
criba, es decir, la posibilidad de criba, la tendremos el año próximo
en Coahuila. Hágale un bien a esta casa tan amada y tan noble. Razone su
voto, parta del análisis de la trayectoria de cada persona que pretenda
convertirse en su gobernador o gobernadora, diputada o diputado,
alcalde o alcaldesa. Y así decida a quien va a otorgarle su confianza.
Libre a nuestra casa de mediocres y/o corruptos, solo usted PUEDE.
Me niego a aceptar, como afirma el escritor japonés Haruka Marukami, que “la mediocridad no tiene remedio”. ¿Usted no?
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