8 de Noviembre 2014
El 90 por ciento de los
delitos en México no se denuncian, porque quienes los sufren NO LE TIENEN
CONFIANZA A LA AUTORIDAD, le tienen miedo, mucho miedo.
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Un
elemento sustantivo de la democracia es la opinión pública, su contribución a
la institucionalización de la misma ES IMPRESCINDIBLE. Como expresara el
jurista británico Albert Venn Dicey, la democracia como ningún otro
sistema, es “un gobierno de opinión”, de modo que los gobernantes tienen el
deber de construir el andamiaje para que los gobernados puedan ser oídos. La
opinión pública podemos entenderla como la orientación o posición política en
una determinada sociedad. Es pertinente, destacar, que el Estado tiene órganos constitucionalmente
establecidos, investidos de facultades y competencias para actuar, y que no
están obligados a convertirse en ejecutores de la opinión pública, sin embargo
no atender lo que ésta les “mandata” en la realidad que se respira en las
calles, lo debilita y lo expone a situaciones como las que ahora están
ocurriendo en Guerrero, en Michoacán, en Tamaulipas, aquí en Coahuila hay 300
almas en Allende de las que ninguna autoridad ha dado cuenta. El maestro alemán
Reinhold Zippelius expresa con claridad meridiana que: “En la democracia
representativa, la orientación conforme a la opinión pública, no puede
significar que exista una relación de ejecución frente a todo movimiento que
esta opinión registre, sino que más bien quiere decir que la acción del Estado
debe mantenerse dentro del cauce de aquellas ideas éticas y políticas que son
idóneas, en la respectiva situación histórica, para captar el consenso de la
mayoría”.
En
palabras llanas, en México la opinión de la población, al Estado, lo tiene sin cuidado,
la exclusión de ésta en su toma de decisiones, en la concepción de sus
políticas públicas, en su quehacer de garante de la seguridad de sus
gobernados, que es el mínimo de cuanto está obligado a otorgar, no aparece en
el listado de sus prioridades. El estallido social ya se está dando, hoy es
Guerrero en su punto más álgido, pero Michoacán, Chiapas y Oaxaca transitan por
la misma e infausta ruta. La pobreza en la que vive el grueso de los habitantes
de aquellas latitudes ha sido el caldo de cultivo ad hoc para que la
delincuencia organizada se enraíce y se multiplique, y el contubernio con
políticos sin escrúpulos, con voracidad sin fondo, y con poder – porque se
necesita poder para “cobijarlos” en la impunidad - han generado este infierno.
Cuando
esto escribo, el Procurador General de la República, da cuenta del horrendo
hallazgo. Los muchachos de Ayotzinapa están muertos. ¿Dimensiona usted el
tamaño de la tragedia? Porque es una tragedia. Hagamos nuestro el dolor de la
muerte espantosa a que los sometieron, hagamos nuestro el dolor de sus padres y
hermanos, porque debe ser tan nuestro como de ellos. Lloremos porque esos
crímenes son victoria para los perpetradores y derrota para todos los que
estamos vivos. No sé, lo digo así, NO SÉ si se hará justicia, no sé si va a
castigar a los culpables - el exalcalde solo es un peón en el tablero –, pero a
TODOS. No sé si el asesinato de 43 personas va a quedar impune, igual que el de
los copreros hace 30 años, o el de los campesinos de Aguas Blancas.
Solo
sé que en cualquier momento, cualquiera de nosotros o de nuestros seres
queridos, podemos ser la próxima víctima. El 90 por ciento de los delitos en
México no se denuncian, porque quienes los sufren NO LE TIENEN CONFIANZA A LA
AUTORIDAD, le tienen miedo, mucho miedo.
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