¡Qué vergüenza que un gobierno extranjero esté haciendo
lo que no hizo el gobierno mexicano!
Sigue imponiéndose la
conclusión hoy día de que la política es una actividad asociada con el doble
lenguaje, con las verdades a medias y con el ejercicio permanente de la
simulación. En Coahuila sabemos de eso.
Es francamente descorazonador
que la actuación ayuna de ética de muchos gobernantes le hayan impuesto a una
disciplina tan noble del quehacer humano, un lastre tan despreciable como el
que arrastra. Por eso no hay apego de la población a cuanto tenga que ver con
su existencia.
Ofrecer, cuando se anda
pidiendo el voto un programa que a sabiendas no va a cumplirse, equivale
a especular con la credibilidad y la confianza del elector, a jugar a la mala
con sus necesidades, porque le genera expectativas que nunca habrán de
cristalizar. Es actuar con cinismo, y cuando esto ocurre se corroen los
cimientos de la democracia, porque la democracia nace de la honradez de la
palabra. A Coahuila, durante la administración que inició Humberto Moreira y
concluyó con el interinato de Jorge Torres López, le depararon ese trato. Y es
fecha que ninguno de los responsables ha salido a dar la cara para pedir perdón
a los burlados.
Es fecha que se desconoce a
donde fueron a parar los 36 mil millones de pesos que registra la mega deuda
con la que le comieron a la entidad la posibilidad real de crecimiento y
desarrollo económico y social, y no hay un solo funcionario de altos vuelos, no
de los del tercero o cuarto circulo de la administración, que haya sido llamado
a cuentas por eso.
Se robaron el dinero de
generaciones que ni siquiera los eligieron, sin remordimiento alguno, cobijados
en las enaguas amplísimas de la impunidad que reina en nuestro país, que es
parte de la cultura amasada en décadas de permisividad y de impudicia, tolerada
por un pueblo que sigue sin entender que los asuntos públicos si son de su
incumbencia.
Los mexicanos no nos hemos
ocupado de dejar claro a quienes elegimos para el cargo público, que no es para
que hagan del mismo un perjurio, ni del oficio una mentira, ni de la encomienda
un cinismo. Por eso el cinismo de la autoridad no sabe de mesuras, y esto
conlleva a generar en la ciudadanía además de la pérdida de confianza, una
confusión destructiva que parte de que todos los políticos son iguales, aunque
no sea así.
Y todo esto largo preámbulo,
generoso lector, obedece a que estoy consternada, más dolida que nunca, por la
publicación del periódico “San Antonio Express News”, en el que se da cuenta
que Jorge Torres López, junto a Javier Villarreal, habría canalizado millones
de dólares a través de cuentas bancarias en Estados Unidos como parte de la
malversación de fondos del Gobierno de Coahuila, derivado esto de una demanda
civil presentada el martes pasado en Corpus Christi, que llevó a la Fiscalía a
solicitar a la autoridad jurisdiccional que se “confiscara una cuenta de 2.8
millones de dólares albergada en Bermudas, misma que pertenecería a Jorge Juan Torres
López, exGobernador interino de Coahuila”.
¡Qué vergüenza que un
gobierno extranjero esté haciendo lo que no hizo el gobierno mexicano! No me
atrevo a asegurar que el señor Torres López es culpable, porque solo la
autoridad judicial puede sentenciarlo, pero que pena que en mi tierra la
impartición de justicia de para tanto mugrero.
La democracia implica la toma
de conciencia del pueblo de que lo es, de decidir sobre su libertad y su
historia y de lo que sueña y quiere para mañana. Y quien se atreve a usurpar
esa conciencia, mal utilizando su mayoría en el Congreso local, se convierte en
dictador. Cuando en Coahuila la mayoría priísta le cubrió a la administración
moreirista su desaseo - quiero ser educada - con la aprobación de la nueva Ley
de Deuda Pública, la entidad dejó de ser libre y soberana y se convirtió
en...Usted póngale el nombre y hágase cargo...
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