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martes, 22 de agosto de 2017

Otra raya más al tigre

Se debe controlar la corrupción con sistemas legales autónomos para contener los males que aquejan a la sociedad coahuilense
 
El mundo en el que hoy vivimos va pintándose en el día a día de todo cuanto debiera no ser parte del mismo, porque simple y sencillamente no tienen nada de edificante: violencia, delincuencia, pobreza, marginación, drogadicción… entre otras “perlas”. La equidad, la justicia, la solidaridad, el espíritu de convivencia, la bondad… se las están viendo negras para sobrevivir, pareciera que los humanos nos empeñamos en reducirlas al mínimo. Las “perlas” mencionadas tienen que ser combatidas por los regímenes democráticos a través de instrumentos legales y organismos ad hoc para generar una barrera que las contenga. Así, además de los tres poderes tradicionales de los que se vale el Estado para gobernar, también crea mecanismos autónomos para cumplimentar su tarea, verbi gratia, auditorías, ombudsman, institutos electorales, contralorías, promoción de la participación ciudadana, de los voluntariados, etcétera.

La corrupción avanza en sentido contrario. Es el compendio de todo cuanto daña y pudre a una sociedad, es la expresión de la mezquindad, del egoísmo, de las prebendas, de las raterías y sinvergüenzadas de los gobernantes y sus cómplices, de la explotación de la pobreza, del reparto de beneficios inmorales e inmerecidos derivados de posiciones privilegiadas en el cargo público, que resultan absolutamente ofensivas a cualquier idea que se tenga de salvaguarda pública, toda vez que sobre ésta se construye la democracia.
En regímenes como el que impera en Coahuila, la manipulación y el engaño son instrumentos comunes y corrientes para mantener de rodillas a los más pobres, explotan su escasez, la usan desde tiempos inmemoriales para mantenerse en el poder. Los carentes de escrúpulos llevan la delantera en esta carrera de canibalismo extremo, hay quienes ven la vida política y los cargos públicos como una oportunidad más para hacer negocios,  ellos, toda su parentela y sus cuates, aprovechando la posición y la impunidad que los cobija. Los corruptos son hábiles para cubrir sus inmundicias, crean sistemas anticorrupción verbi gratia, como el que acaba de ser aprobado por la mayoría priísta esta semana en el Congreso local. La corrupción es altamente contagiosa, envuelve, enreda; pocos, pero muy pocos escapan a su contaminación. Los que evaden sus tentáculos no son seductores… ni son populares, de pend… no los bajan un centímetro.

La corrupción es seductora,  promete recompensas inmerecidas, es más, las produce. Si no se le ataja –como ha sucedido en Coahuila– se extiende, se multiplica, se intensifica y se sistematiza, se vuelve regla. Aquí en Coahuila ya estamos en ese punto. Quien no lo quiera ver, es por eso, porque no lo quiere ver. El interés público ha sido substituido por los intereses particulares de una familia y su corte de incondicionales y cómplices. Aquí al Estado de derecho se lo cargó el payaso. 

Permítame enlistarle algunos de los males que engendra la corrupción:

Conlleva pérdida de la autoridad moral, debilita la eficiencia y la eficacia de las acciones de Gobierno, acrecienta las oportunidades para la delincuencia organizada y para los abusos de la policía, le suma cargas al contribuyente y es devastador su impacto en los más pobres. Favorece a los pillos y daña a quienes sí respetan la ley. Implica el desarrollo de obras públicas que no se requieren, se usa para financiar contratos impronunciables o para reponer recursos de los que se dispuso en lo oscuro… Puras cosas lindas, ¿verdad? 


En su ensayo, “Toward a General Theory of Official Corruption”, Gerald Caiden expresa que si la corrupción oficial no se controla, se convierte en una “debilidad del Estado que incluye todo tipo de indisciplina social, que obstaculiza la efectividad del Gobierno y obstruye el desarrollo nacional. Esto conduce a una sociedad en la cual muy poco funciona (como debiera), aumenta el malestar social y donde se recurre a la represión para evitar el colapso total. Es más, conduce a un cinismo generalizado que engendra la desesperanza”.

“¡Qué lástima –como expresaba León Felipe en su precioso poema– que yo no pueda contar con una voz engolada esas brillantes romanzas a la gloria de la patria…” Mi querida y noble patria chica está en manos… ¿en manos?... bueno… de gobernantes que les importa un bledo el bien común. Pobre Coahuila…

¿Así tiene que seguir siendo?

Hay que volvernos intolerantes a la demagogia y el enriquecimiento ilícito para lograr una democracia real y ciudadana
 
El valor no consiste en la bilis, ni en la sangre; consiste en la dignidad.
 
Ignacio Manuel Altamirano


¿Qué tenemos cómo democracia hoy día? Nuestra Coahuila sigue irredenta. Para políticos con vocación de enriquecimiento ilícito, voracidad sin límite, cero honestidad y orfandad de vocación de servicio, entre otras “perlas”, la democracia es eso. Para usted ¿qué es? Hoy día la corrupción masiva avanza a pasos agigantados, pero no a todos parece interesarles. A quienes han defraudado la confianza de los coahuilenses no se les castiga, el sistema los “condena” a vivir en la opulencia de lo que se robaron, a “vociferar” –para taparle el ojo al macho– en contra de lo que son parte sustantiva y lo serán hasta la consumación de los siglos porque el vínculo con las raterías perpetradas y solapadas es indisoluble y luego, a recular de lo expresado. 

Es metódica la liquidación del estado de derecho, los crímenes se premian con la legalización, al cabo que para eso el priato tiene el control absoluto de los poderes. La degradación de la justicia y la anulación de facto de las normas constitucionales, resulta estremecedor… Vamos en picada.

Y si nos vamos al ámbito social, el alcance de esta podredumbre no tiene parangón. La familia se desmorona, el núcleo primario, natural, de cohesión de una sociedad vale para puras vergüenzas, y cuidadito y opina usted en contrario, porque de mocho, huele incienso, hipócrita, espantado… por decir algunos de los epítetos más socorridos, no le bajan un centímetro. El ataque a la familia se ha vuelto consuetudinario… ¿a quién carambas le importa los niños no tengan un papá y una mamá juntos y en armonía, para formarlos y educarlos? 

Los divorcios son exprés, no funcionó el matrimonio, pues al demonio, a otra cosa mariposa, y los hijos, pues al mismo destino, al cabo que hay nanas electrónicas para atenderlos… los celulares, las compus y las iPads… ¿Cariño? ¿Diálogo? 

¿Abrazos? ¿Te “quieros”? ¿Convivencia?... No, son incordios… 


Los índices de fracasos familiares y conyugales son mastodónticos. Los abortos son la solución a una –a dos, a tres, a las que sean– acostada irresponsable. Al cuerpo hay que darle gusto, total, si hay embarazo, te deshaces del mismo en un santiamén, todo está legalizado. La violencia doméstica reverbera sin control alguno entre parejas, de padres a hijos y viceversa... Hermanos que violan a sus hermanas, padres que abusan de su propia carne… ¿Y qué?

El fracaso escolar in crescendo –hay instrucción “desde arriba”, de no reprobar a nadie aunque no sepan nada– , el bullying en las aulas “está de moda” y sin repercusión para los victimarios, no lo están atendiendo de fondo, el fondo viene desde su casa, de sus padres, de lo que ve y vive ahí… los criminales se “forjan” en casa y de ahí a la calle, a la delincuencia organizada que los recibe con los brazos abiertos, son su carne de cañón, su materia prima. El auge de la prostitución, las drogas, el alcoholismo… negocio floreciente para los sucesores de los chapos. Esta es la democracia que ha generado el sistema priísta. Ochenta y cuatro años de llenarla de parásitos y degradarla hasta volverla despreciable. Estas elecciones las “ganaron” con el voto de los más pobres, de los que han ofendido y denigrado más, las pagaron a diferentes precios… como siempre. Y por supuesto con la complicidad vergonzante de los ricos en billetes, de esos que nomás tienen billetes, pero ningún escrúpulo. Esta es la democracia que priva en Coahuila, nuestra amada Coahuila, preñada de demagogia, de corrupción, de impunidad y de abusos. Es imposible que haya democracia sin educación cívica y con tanta desinformación, pero sobre todo con tantas necesidades básicas sin resolver.

Frente a semejante elección cocinada con mañas por el PRI –porque así fue la del 4 de junio–, con votos comprados, con complicidades que rayan en la indecencia, con clientelismo electoral que altera las condiciones de equidad de la contienda, no se abona al fortalecimiento de la democracia, sino todo lo contrario. A la democracia la han prostituido con mucho dinero de por medio, abonando con creces a la ilegalidad. Manifestarse en contra del fraude electoral es un derecho que por primera vez en Coahuila la sociedad ha salido a ejercer a las calles. Ya se traspasaron las barreras de colores e ideologías, ahí radica su fuerza. Hago votos porque esto sea el principio de una nueva era para nuestra noble tierra. 

Por favor, vuélvase intolerante con los políticos sinvergüenzas, del partido que sean. Hágales sentir su repulsa ciudadana. El cochinero tiene que erradicarse, pero usted necesita intervenir, sin usted no habrá cambio alguno.

Resistir...

Fue una elección sucia en todo sentido, por eso se llama a la suma voluntaria y razonada de los ciudadanos para combatir un fraude descomunal
“Ni nos domaron, ni nos doblaron, ni nos van a domesticar”. 

Marcelino Camacho Abad 

Hay quienes pensamos que la lucha por la democracia va indiscutiblemente hermanada con la de los derechos humanos, ¿por qué? Porque ambas desembocan en la misma búsqueda, la de la justicia y la equidad. Para quienes estamos convencidos de que luchar por la democracia representativa conlleva a hacer lo mismo por la participativa, nos queda claro que no se puede desvincular a una de la otra. En nuestra Coahuila hay una enorme concentración de poder político y por ende, control económico –vía la complicidad– en unas cuantas manos, dando como resultado que haya miles de coahuilenses viviendo como ciudadanos de quinta categoría, empobrecidos material e intelectualmente, y esto es incompatible con la democracia, al menos como se concibe en el 3ero. Constitucional: “como una forma de vida”. ¿Qué poder de decisión pueden tener personas en estas condiciones sobre su propia vida, si son absolutamente dependientes del sistema dictatorial que priva en la entidad desde hace más de 84 años?

Sin un mínimo de bienestar material resulta imposible que los hombres puedan practicar las virtudes cívicas necesarias en una democracia. Las personas que no comen tres veces al día, que no tienen un trabajo que les permita vivir de acuerdo a su condición, si carecen de servicios de salud y la educación que se les imparte no es de calidad, pues están en la lona, y son presa fácil del sistema imperante. Esta es nuestra tragedia cotidiana, acabamos de tener una elección para la renovación del poder ejecutivo y el “ganador” vuelve a ser el de siempre, el PRI, ¿cómo? Con todas las artimañas que él mismo se inventó e institucionalizó.

Fue una elección sucia en todo sentido, por eso se ha tenido que acudir a la instancia jurisdiccional, tendrán que ser jueces los que diriman la debacle. No tuvimos un proceso electoral honesto, no estuvo apegado a las normas jurídicas de la materia, el árbitro electoral no las observó, sino todo lo contrario. Hay un retroceso sobrecogedor. Los abusos, por llamarlos de manera educada, están al descubierto, los jueces tienen el deber de estudiarlos y determinar con apego a la ley las consecuencias. Estas circunstancias tan deleznables lograron lo que nunca se había visto: unificar a la sociedad civil. Hemos visto a la misma en marchas y concentraciones que no forman parte del comportamiento poselectoral.  ¿Cómo reconocer una victoria manchada por la duda, por la falta de transparencia, signada por la ilegalidad y la ausencia de certeza jurídica?

La sociedad civil está participando como nunca antes la habíamos visto. Nadie ha sido acarreado a las manifestaciones que han tenido lugar en diferentes regiones del estado. De alguna manera hay que agradecerle al Moreirato este despertar cívico, lograron aglutinar a los coahuilenses en esta novísima resistencia civil, que lejos de ser una insurrección, es nada más y nada menos que el inicio de un debate público, de una discusión civilizada sobre la necesidad de responder con estatura y prestancia a una intromisión inaceptable del Gobierno estatal en un asunto QUE NO LE COMPETE, como son las elecciones libres para la renovación del poder público. Su incivilidad es intolerable, es sinónimo de miseria, mezquindad y grosería.

Esto es sólo el principio. Sabemos que no va a ser fácil mantener el espíritu de esta genuina indignación, porque no es un ejercicio al que estemos acostumbrados, no obstante tenemos que esforzarnos,  va en ello lo que soñamos construir para nuestros hijos y nuestros nietos, paz duradera, respeto por las instituciones que le dan solidez y certeza a la división de poderes, al fortalecimiento de la democracia, a todo cuanto vuelve exitoso a un pueblo. El Moreirato tiene que entender que el absolutismo y sus engendros no tienen nada que hacer en la Coahuila de este siglo, tienen que aprender que están sujetos al imperio de la ley igual que todo el mundo, que no se vale enturbiar los procesos eleccionarios con dádivas y amenazas a sus cautivos para que a fuerza voten por sus candidatos, ni con arreglos con sus cómplices poderosos ($). 

No estamos llamando a la violencia contra el adversario quienes no estamos de acuerdo con lo sucedido, sino a la suma voluntaria y pacífica, razonada y razonable para combatir un fraude descomunal en perjuicio de nuestra democracia, queremos restituirle sus valores y principios. Nada más y nada menos. Resistamos, apenas está empezando, el camino es largo y sinuoso, pero nunca más grande que nuestro amor y nuestra devoción por Coahuila.

Después de la elección

“…si el triunfo y el desastre no te imponen su ley y los tratas lo mismo como a dos impostores…” . 
Rudyard Kipling


En palabras de Lorenzo Córdova Vianello, Presidente del Consejo General del INE, la equidad de condiciones que permitan un cierto equilibrio en la contienda electoral es el “piso mínimo”. Esta construcción le corresponde garantizarla al árbitro de la elección. Asimismo, al referirse a la autonomía de los órganos electorales, subraya que más allá de ser un principio de orden constitucional, es “el resultado de las decisiones y de las actitudes que la autoridad electoral toma frente a los distintos intereses políticos, frente a la eventual pretensión de intromisión de algunos intereses, de algunos actores en sus decisiones”. Apunta también que la autonomía  se tiene “…que procurar permanentemente”. Es verdaderamente lamentable que estos conceptos no hayan sido tomados en consideración por el Consejo General del Instituto Electoral de Coahuila (IEC), cuyos integrantes fueron nombrados precisamente por el colegiado que preside Lorenzo Córdova. Yo, como diputada de la LXII Legislatura voté a favor de esta reforma –que no me llenaba del todo–  precisamente para evitar la injerencia del gobernador y de todo el aparato vetusto del priato, en los procesos eleccionarios de Coahuila. Me ha quedado claro, que NO SIRVIÓ PARA NADA. Acabamos de tener un proceso eleccionario repudiable, que me indigna y me rebela. Ni en los tiempos en los que el árbitro era el secretario de Gobierno se ha vivido en Coahuila tanto desaseo.

No tengo y lo he dicho con claridad, ningún empacho en reconocer la victoria del adversario, al final del día, desde que uno se registra para contender tiene bien claro que perder o ganar será uno de los dos resultados, quien no esté preparado para esto, pues es mejor que ni participe. Amén del reparto indiscriminado de despensas, de tinacos, de dinero en efectivo o en tarjetas que repartieron en cantidades estratosféricas antes y durante el día de la jornada electoral, sin pudor alguno, con CERO actuación de la Fepade y la indiferencia ABSOLUTA del IEC, con ausencia de funcionarios de casilla, presidentes sobre todo, a los que sustituyeron como lo marca la ley con electores formados en la fila, a todas luces priístas, porque así lo planearon, el remate lo consumaron con los PAQUETES ELECTORALES ABIERTOS –resguardados por la guardia pretoriana del gobernador– violados a todas luces, sin actas de la sesión de instalación, con paquetes VACÍOS, con boletas faltantes o sobrantes, con actas de cierre ilegibles condicionadas a la entrega de cuadernillos…ah…y la suspensión intempestiva del Prep del domingo, igual que en la elección de gobernador. ¿Cómo aceptar resultados con semejantes antecedentes?

Lo más simple sería dar por bueno el resultado, aceptar que… ¿qué importa? al cabo que la diferencia de la votación es muy grande… “que no se perder”, “que me deje de ridículos”, “que si no entendí la voluntad de la mayoría”, “que me estoy haciendo odiosa ante los saltillenses y que me regrese a mi pueblo”, esto me dicen entre otras cosas en las redes los corifeos del PRI, amén de palabras y frases soeces. Pero esto no me intimida, ni me achica, pueden cantar misa. Lo que no me perdonaría es quedarme de brazos cruzados mirando pasar semejante despropósito. Por cada voto que nos dieron los saltillenses sin coacción, ni compra de voluntad, en absoluta independencia, a la planilla que tuve el honor de encabezar, no estoy dispuesta a validar con mi silencio lo amañado por el prigobierno en contubernio con el árbitro de la elección.  Si cada paquete proveniente de las casillas hubiera venido cerrado, sin señal alguna de haber sido violentado, sin chistar le levantaría la mano al adversario. Hay quienes estiman, que con tal de ganar el poder, en política todo se vale. 

Yo pienso y actúo en sentido contrario, y si esto es ser mojigata, conservadora y tener doble moral, aceptado, lo soy y la tengo. Sé perfectamente que el camino es empinado y largo, que es nadar contra corriente, que vamos contra toda la maquinaria del sistema, que es factible que nos quedemos como Agar en el desierto en algún momento, que el desánimo y el cansancio son dos gárgolas que se crecen en estas condiciones y son depredadores inmisericordes. Pero ni así, esto va por Saltillo, por todas las personas que sueñan con que un día se cierre el ciclo del autoritarismo, de esta dictadura de más de 84 años que muchos aplauden y celebran porque son sus cómplices o sus vasallos. Va por los que nunca habían votado, teniendo credencial de elector, y esta vez decidieron hacerse cargo de su deber de amor con su ciudad y con Coahuila. Va también por los más pobres de la periferia y del área rural, cuya pobreza material e ignorancia usan para ganar elecciones, va por los jóvenes que tienen ideales y convicciones, va por los niños que aún no votan pero que merecen un futuro en el que la democracia deje de ser aspiración y se convierta verdaderamente en forma de vida.

Esto es brega de eternidad, como apuntaba don Manuel Gómez Morín, de modo que estoy en lo que creo y en lo que amo, con todo el corazón. 

Esther Quintana SalinasSi cada paquete electoral hubiera llegado sin señales de haber sido violentado, no habría empacho en reconocer la victoria del adversario

Lo que queremos

Nuestra comunidad necesita protagonistas, no espectadores y críticos pasivos. Sólo con participación y pluralidad podremos alcanzar la igualdad.

Coahuila requiere de una fuerza transformadora de magnitudes impresionantes que cimbre la indiferencia y la pésima costumbre de sólo ver pasar las cosas desde la ventana y no atreverse a dar el salto cuántico para entrar a una geografía en la que ya no haya sitio para espectadores ni para críticos de lo que les disgusta, pero que sólo les alcanza para despotricarlo entre cuatro paredes porque son absolutamente incapaces, por voluntad propia, de accionar los mecanismos para acabar de una vez por todas con la inmovilidad que tanto daño nos ha hecho.

Coahuila necesita de nuestra pluralidad, en la medida en que seamos capaces de reflejar las diferentes maneras de sentirnos parte sustantiva de un proyecto compartido, apuntalado sobre los principios de igualdad, justicia social y solidaridad, estaremos en disposición de cambiar el rumbo de nuestro estado hacia la integración que fortalece la unidad y vuelve exitosos a todos los que aquí vivimos. La única forma de vivir juntos y en armonía es reconociendo nuestras singularidades, que al final del día, al conjuntarlas, nos dan la mezcla idónea para dejar de ser islas y convertirnos en continente. Aristóteles, 200 años antes de Cristo, decía que no hay manera más adecuada de que el individuo, político por naturaleza, desarrolle y dé lo mejor de sí mismo, que en el seno de la comunidad de la que es parte. Se nos dificulta todavía entenderlo a estas alturas del milenio.

Tenemos el deber de alimentar una sociedad en la que quepamos todos, debemos aprender a aceptarnos, sin conflicto hacia quienes piensen diferente. Hay demasiadas diferencias en Coahuila, pero hoy quiero centrarme en las que existen en la capital del estado, en Saltillo. Resulta inverosímil que en pleno Siglo 21 haya muchas personas que viven sólo por la magnanimidad de Dios. Los contrastes son muy marcados, cuando se pone en comparativo cómo se vive en muchas colonias de la periferia y otras áreas del lado norte de la ciudad. Lo primero que se encara son la pobreza material y enseguida la del intelecto. Las dos han impedido que quienes las padecen crezcan y se desarrollen a plenitud como PERSONAS que son. Y eso debe ser un fracaso para quienes gobiernan y que tienen a su cargo la educación, derecho fundamental recogido en la parte dogmática de la Constitución de la República.

La educación iguala, está probado. Te cambia la vida entera, te impregna de luz el intelecto y entonces cambian las ideas, aprendes a discernir, a distinguir y a elegir lo que quieres que sea tu vida y cómo vas a conseguirlo. Tu visión del mundo sufre modificaciones, porque dejas de pensar en corto y empiezas a otear el horizonte y a descubrir que puedes, como decía el poeta Amado Nervo, ser “el arquitecto de tu propio destino”. 

Nunca la dependencia, salvo la que todos tenemos cuando somos pequeños, de nuestros padres, se justifica. 

Cualquier otra es condena a ser perpetuamente marginado de cuanto necesita un ser humano para sentirse realizado y exitoso. Son de desearse aquellos gobiernos que ofrezcan garantías SIN EXCEPCIÓN para que sean atendidos todos los derechos fundamentales del hombre: salud, educación, empleo, etc.

Necesitamos gobernantes que coloquen a la mujer en el corazón de la renovación del estado, que asuman como asunto público la violencia brutal que sufren muchas de ellas y que acaben con la brecha salarial que las condena a la marginación. Gobernantes que entiendan que el futuro está jugándose en los salones de clase donde los más jóvenes requieren ser preparados para afrontar los retos de mañana, con educación de calidad. 

Necesitamos reivindicar el derecho a la salud, con clínicas y hospitales en los que sí haya médicos comprometidos con su tarea y medicamentos para los derechohabientes. Es urgente que se garanticen pensiones dignas y que por principio no dispongan de ellas los líderetes sindicales en complicidad con los corruptos, entre muchos otros imperativos que siguen en los pendientes.

En nuestra propia naturaleza está escrito participar, opinar, quejarnos de aquello en lo que no estemos de acuerdo y exigir su modificación. La democracia se fortalece en la medida en que nos hacemos cargo de los asuntos de nuestra comunidad, aunque es muy enteca, la nuestra nos permite elegir autoridades, acudir a los órganos jurisdiccionales y defendernos en juicio, etc. La democracia se construye en el día a día, si privilegiamos la importancia que tiene el fortalecimiento del capital humano, la haremos fuerte y saludable, porque lo que hace rico a un país, no son sus recursos naturales, sino las personas que los administran, de ahí la relevancia de la probidad y la capacidad de éstas, para que así suceda.
Enhorabuena.

El derecho y el deber

Este 4 de junio tenemos la tarea de cumplir con una responsabilidad constitucional que permitirá elegir el futuro que queremos
 
Dentro de 9 días exactamente, los coahuilenses tenemos que ir a cumplir con el ejercicio de un derecho –artículo 35– y de un deber de rango constitucional –artículo 36– que nos permiten decidir a qué personas contratar para que nos sirvan desde los diferentes ámbitos del poder, en el caso particular, el ejecutivo estatal –gobernador– y municipal –alcaldes, regidores y síndicos–  y el poder legislativo –diputados– de nuestra entidad federativa.

¿Por qué es importante que acudamos a las urnas? Porque cuando uno vota expresa su compromiso con la democracia, la democracia que tenemos el deber de construir entre todos y fortalecer todos los días, entendida esta en los términos que lo establece el artículo 3 de la Constitución de la República: como forma de vida. Lo que no se consolida, se pierde. 


Abstenerse es una acción estéril, sólo exhibe desidia y ausencia de compromiso ciudadano. 

Abstenerse es asumirse como simple espectador de los hechos. Lo que se necesita es determinación para hacerse cargo en primera persona de la comunidad de la que uno es parte. Al sistema imperante le tiene muy sin cuidado su abstención, no le hace mella, sino todo lo contrario. Todo el tiempo le ha apostado a la indiferencia ciudadana, incluso la ha alimentado, porque le favorece para ganar elecciones con solo el 30 por ciento del listado nominal, que es lo que le da su voto duro.

¿Por qué debemos ir a votar? Porque para cada municipio y para cada persona hay mucho que ganar pero también mucho que perder. Estas son las elecciones de ayuntamiento. Usted, mejor que nadie, conoce las necesidades del municipio en el que vive. Si elegimos personas capaces y honestas, podemos aspirar a mejores servicios públicos de los que ofrece el Ayuntamiento, como son la seguridad, calles y plazas iluminadas y limpias, una eficiente recolección de la basura, etcétera.

Si permitimos que otros elijan por nosotros, después no vamos a poder ni quejarnos. Una decisión electoral apegada a la reflexión, a lo que nosotros queremos, sin duda nos compensará con bienestar y progreso. Una decisión equivocada, tiene el efecto contrario, la peor es no presentarse a votar.

No es cierto que todos los candidatos son lo mismo y que da igual votar por uno que por otro. El abanico es amplio y, en sus virtudes y defectos, en su trayectoria de vida está lo que son y cómo son, indague usted, no vuelva a votar nada más llevado por la mercadotecnia electoral, es un error craso. De su reflexión dependerá en mucho la calidad de gestión para el estado, para su municipio y lo que se haga en el Congreso.

Votar debe ser un gozo. Votar libremente enriquece la democracia. Démosle el peso que tiene a decidir por nosotros mismos qué es lo que queremos para Coahuila y para nuestro municipio, que clase de representantes deseamos en el Congreso local. Hagámonos cargo de nuestro presente y de nuestro futuro, el voto nos empodera como ciudadanos, no desdeñemos el ejercicio de un derecho que costó tanto en nuestro país. Votando damos ejemplo a las nuevas generaciones.

A los jóvenes particularmente los invito a ir a votar, de ahí, de ustedes tienen que venir las voces y la enjundia para generar las transformaciones que NECESITA COAHUILA para remontar el vuelo a las alturas que le corresponden, para deshacerse de esos lastres inmundos que son la corrupción y la impunidad, generados en los 84 años de una dictadura disfrazada de democracia. Tenemos el deber de construir un futuro diferente para los niños y los jóvenes de hoy y las generaciones que vendrán más tarde.

Tenemos que dar un paso muy importante para convertirnos en una comunidad exitosa, darnos a la tarea en un genuino despliegue de solidaridad humana, para sacar adelante a tantos coahuilenses que no han sabido de desarrollo integral alguno, porque el sistema priísta los condenó a la dependencia eterna, vía dádiva o amenaza, y no se ocupó de hacer de ellos personas autosuficientes. No hay sociedad exitosa con semejantes índices de marginación material e intelectual. 

El próximo domingo 4 de junio vaya y cambie con su voto lo que no le guste del sistema, no es cierto que ir a votar significa estar de acuerdo con lo que hay, significa que usted va a hacer uso de todos los medios legales a su alcance para cambiarlo. El futuro de Coahuila se decide en las urnas este domingo 4 de junio, SU FUTURO. Vaya y decídalo usted mismo en su calidad de PROPIETARIO, DE DUEÑO DE ESTA HERMOSA Y NOBLE CASA.

Posdata: Hago un llamado respetuoso al árbitro de la elección, el IEC, a desmentir que las boletas están numeradas y que se sabrá por qué partido se vota. Hay muchos electores que sí lo creen. Y a la Fepade que deje de comportarse como si fuera cómplice del octogenario.
Esther Quintana Salinas

La inversión más exitosa de un buen gobierno

El principal objetivo de un gobierno es el de generar desarrollo social a través de políticas públicas orientadas a defender los derechos humanos.

Soy una convencida de que es fundamental que cualquier nivel de Gobierno establezca una política pública social institucionalizada y transparente, que rinda cuentas y pueda ser monitoreada y evaluada por la población. Son las  políticas públicas sociales las que generan los “cómo” se garantizan los derechos humanos consagrados en la Constitución de la República. Los derechos humanos constituyen el fundamento de la equidad y la igualdad, desde el punto de vista de la inversión social son un imperativo ético insoslayable. Si lo enfocamos desde la perspectiva política, tenemos que la inversión social es uno de los mejores instrumentos para traer cohesión social y por ende, gobernabilidad democrática.

Cuando la inversión social es insuficiente, los niveles de inequidad y pobreza profunda se acentúan, y esto constituye el debilitamiento de la democracia. Cuando se invierte en la gente se detonan el crecimiento económico y productividad, se apuntala el capital humano y esto conlleva a mejorar las condiciones de vida de la población.

“Se entiende como desarrollo, la condición de vida de una sociedad en la cual las necesidades auténticas de los grupos y/o individuos se satisfacen mediante la utilización racional, es decir sostenida, de los recursos y los sistemas naturales (ONU).” En términos llanos, lo que esto quiere decir es que cuando un gobierno genera desarrollo a través de políticas públicas específicas, los bienes y los servicios se vuelven accesibles al grueso de la sociedad. Hay una mayor integración social y económica y en consecuencia se reduce de manera importante la existencia de personas viviendo en condiciones de marginalidad. 

Por otro lado, el mismo desarrollo se convierte en un puente de acceso a los servicios sociales y a la participación social activa. En el caso de los servicios sociales esto refiere a los sistemas de educación, y a la satisfacción de las necesidades básicas de un individuo como son alimento, vivienda, vestido, salud y seguridad. Por cuanto a la participación social activa nos remitimos a la capacidad del individuo y de las instituciones sociales para garantizar que las agrupaciones de poder actúen como intermediarios entre los sujetos y actores en la toma de decisiones, es decir, que el individuo deja de ser sujeto pasivo y se convierte en ciudadano no nada más de nombre, sino en todo lo que implica la plenitud de su investidura, y esto impacta en la toma de decisiones del Gobierno en turno, a su favor.

El desarrollo, subrayo, es básicamente un proceso de vida que les permite a las personas contar con alternativas para su realización como tales. Las aspiraciones de las personas pueden ser muchas, pero fundamentalmente se refieren a tres, en términos del PNUD: la búsqueda de conocimientos; la posibilidad de tener una vida prolongada y saludable; y tener acceso a los recursos que permitan un aceptable nivel de vida.

Es a partir de estas tres finalidades que se derivan muchas otras. El desarrollo humano incluye dos facetas complementarias: la formación de las capacidades humanas y el que esas capacidades puedan ser ejercidas en las diferentes esferas de la vida: económica, social, cultural o política. 

Esto es algo de lo que no se han ocupado los Gobiernos tricolores en nuestro País y Coahuila no es la excepción. Porque su misión nunca la han querido entender, se engolosinaron con su estancia en el poder y marginaron del desarrollo a muchas generaciones de coahuilenses para tenerlos a su entera disposición en los procesos eleccionarios, los han utilizado como si fueran cosas, pasaron por encima de su dignidad, los convencieron de que ni siquiera la tienen. Y esto es una perversión imperdonable del sistema, no sólo político, sino de vida, que impusieron en tantas décadas de ejercer el poder SIN CONTRAPESO ALGUNO. Estas personas son el grueso de su voto duro, la otra parte la conforman con el magisterio y la burocracia a la que mantienen en vilo, con la amenaza permanente de la pérdida de la plaza laboral. Completan su haz con la complicidad de quienes se han hecho ricos y más ricos a la vera de los “jugosos” negocios que han realizado en perfecta “hermandad”, me refiero a los empresarios sin escrúpulos.

El 4 de junio tendrá usted la oportunidad de modificar el destino de nuestra amada tierra. Es tiempo de privilegiar la inversión en las personas.

El priísmo ha tenido por décadas la oportunidad de servirle a nuestra casa, pero la mezquindad y la voracidad han sido más grandes que el amor que le deben a la tierra de sus padres. Usted decide si les permite seguir medrando del patrimonio de usted y de sus hijos, o los echa fuera con el ejercicio de su voto libre y secreto en las urnas.