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sábado, 19 de noviembre de 2016

Para votar se necesita…

19 de Noviembre  2016
 
El próximo año tendremos elecciones en Coahuila. Usted ya lo habrá notado. Los medios dan cuenta del asunto todos los días y también las redes sociales. Se hacen listas de un partido y de otro de las probables candidaturas a los diferentes cargos de elección popular que estarán en la palestra. De hecho y de derecho, el primero de noviembre arrancó el proceso eleccionario en nuestra entidad. Me preocupa y se lo comparto, estimado leyente, que el tono de las descalificaciones pueda enturbiar el ambiente pre electoral y con ello propiciar que el que vuelva a ganar sea el abstencionismo. Sé que en las votaciones políticas entran en juego muchos elementos emocionales y por lo general son los que se imponen a los racionales. No debiera ser así, pero lo es. Todavía no hay candidatos pero ya los ánimos se van manifestando, sobre todo en las redes sociales, y es que la simpatía y la empatía de quienes se mencionan son factor que cuenta, al margen de que en su momento la gente se identifique o no con las propuestas que presenten. Y no perdamos de vista la expresividad y los gestos y formas de ser, que también definen las preferencias.

Con la debida proporción, pero elección al fin, acabamos de ver la de los vecinos. Y si algo quedó claro, es que la belicosidad y la grosería en mucho del discurso de Trump, no lo desfavorecieron, al contrario, le atrajeron un electorado que hacía tiempo que no se presentaba a votar. El derrotado fue el establishment de Washington, según los análisis de expertos. En un país que le permitió a un hombre de color ser presidente por dos periodos consecutivos, la mayoría, incluyendo a las mujeres… gulp… no le dio el mismo trato a Hillary Clinton, y no por el hecho de ser mujer, sino porque se trata de una mujer muy preparada y con muchas tablas en la política de su País. 

Nosotros tendremos en 2107 que elegir mujeres o varones para las 38 alcaldías y sus correspondientes planillas, para la conformación del Congreso local y para la Gubernatura. ¿Qué contará en el ánimo del elector? ¿La trayectoria? ¿La experiencia? ¿La honorabilidad? ¿Su espíritu de servicio? ¿El partido que lo avala o la independencia de partido? ¿El género será factor relevante? ¿Su desempeño en cargos públicos o su no participación en ellos? ¿Su congruencia entre el decir y el hacer? ¿La equidad y la proporcionalidad en sus acciones y decisiones políticas, si es que se trata de alguien con experiencia en el sector público? ¿Las evidencias de si en puestos anteriores genuinamente se han ocupado de generar bienestar para sus conciudadanos?  

Contestar estas interrogantes implica que el elector se informe, que indague de quien se trata, que pregunte, que revise el historial, incluso que hasta busque al ínclito o a la ínclita para que los conozca en persona y hable con ellos. ¿Usted cree que esto sea posible? ¿Forma parte de nuestra cultura cívica?


Yo soy ávida lectora, se lo comparto, también por autodisciplina veo y escucho noticieros, y me he vuelto seguidora también de redes sociales, porque hoy por hoy también cuentan. En las redes particularmente usted encuentra de todo, bueno, malo, regular, pésimo…Son opiniones, algunas con fundamento pero otras sin ninguno y además “aderezadas” con una linfa de insultos y majaderías que llegan hasta la leperada. Y no se vale, porque las redes no son estercolero de nadie. Si mucha de la energía, el tiempo y el talento que algunos utilizan para vaciar sus frustraciones y sus fobias, les dieran un vuelco y los emplearan en algo productivo, el resultado sería a favor de la comunidad. Pareciera, tristemente, que la diferencia política y el debate ideológico que enriquece, se han transmutado en simplismo intelectual, huérfano de argumentos, pervertido en la descalificación y la mediocridad.Recurrir al insulto, es evidencia clara de que se carece de argumentos y de capacidad dialéctica para llevar una discusión sana, serena y respetuosa, que es la que abreva para una democracia saludable como debiera ser la nuestra. 

La falta de respeto imposibilita el debate profundo, distrae en naderías, privilegia lo insulso porque margina lo sustantivo. No puede haber dignificación de la política con ese andamiaje. Además el odio y la vileza son veneno, destruyen cuanto tocan, y lo más lamentable es que contagian a una sociedad que no está acostumbrada a informarse, y entonces se convierte en presa fácil de cualquier vociferante. Jamás el enfrentamiento ha provocado, ni provocará, convivencia pacífica y progreso para la sociedad.

Aprendamos también a tomar con la debida reserva lo que arrojan las encuestas. Fallaron en Colombia, fallaron en Inglaterra y fallaron en Estados Unidos. Mejor indague quienes son los aspirantes y que eso determine su sufragio el día de la elección. Pero infórmese, lo que no le gusta del sistema político seguirá igual si se vota a ciegas —nomás por lo que “dice” la mercadotecnia— o si se abstiene. Las evidencias están a la vista.

La política no es ni por asomo esta ruindad en la que la han convertido muchos que han hecho de ella su modus vivendi. La política es servicio a la comunidad, es instrumento para generar bien común, no el de unos cuantos. Por eso es tan importante que usted analice la trayectoria de vida de quienes quieren ser sus representantes. Vote informado, piense en la trascendencia de su decisión.

No tienen m…

12 de Noviembre  2016 

“No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética. Lo que más preocupa es el silencio de los buenos”
Martin Luther King

Si usted consulta en el Diccionario de la Lengua Española el significado del término CINISMO, va a encontrarse con una diversidad de acepciones del mismo. Tan bella que es la lengua castellana y qué ingratas las connotaciones. Empecemos: “Desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables”. La segunda: “Impudencia, obscenidad descarada”. Y la tercera: “Afectación de desaseo y grosería”. 

En otro diccionario, el de María Moliner se apunta –para tener el mayor número de descripciones–  que se trata de una persona que comete actos vergonzosos sin ocultarse y sin sentir vergüenza por ellos, y enlista sinónimos, entre otros: cara dura, desfachatado, desvergonzado, fresco, impúdico, inverecundo, poca lucha, sin vergüenza, descarado. En español mexicanizado se les nombra: méndigos, hijos de su… no le sigo porque son impronunciables.

Con semejante rosario de calificativos, cínico es más que un insulto; describe a un individuo o individua, como decía Cantinflas, al que no le importa engañar, ser desleal, deshonesto hasta la médula, que ha hecho del engaño su modus vivendi. El cinismo es un mal que se ha encargado de engullirse la legitimidad de las instituciones que le dan sustento a una nación.

El cinismo en el ámbito de la administración pública conlleva a la deshumanización del sistema político y a la pérdida de confianza en lo político. No revisar la veracidad en la administración pública y conformarse con lo que dicen los encargados de la misma, ha traído como consecuencia esta debacle en la que vivimos. En Coahuila sabemos de desvergüenzas e impunidades y del CINISMO con que le dan la vuelta a las mismas. La última de estos días, publicada en VANGUARDIA. Durante 2015 y 2016 la empresa Riviera Álamo, vinculada a la mano derecha del gobernador Rubén Moreira, María Esther Monsiváis, facturó 21 millones de pesos por concepto de bolos, ocho millones de utensilios de cocina, dos millones por tinacos, mochilas  y colchones, casi un millón de pesos por concepto de “plataforma” (¿?), 148 mil pesos de impermeabilizantes. El total de los pagos a Riviera Álamo durante 2015 en 13 facturas ascienden a 24.2 millones de pesos, los que se suman a las seis facturas de este año por un monto de 24.2 millones de pesos, casi 50 millones en total en menos de dos años. Se trata de una empresa todóloga… y FANTASMA. Y la señora RENUNCIÓ a su alto cargo… ¿le suena? …¿Sabe usted que va a pasar? NADA. Está garantizado, aquí no hay división de poderes. Todo, pero TODO, está controlado. Es la red perfecta… no... qué perfecta, pluscuamperfecta. Quizá en unos años se repita lo acaecido a Javier Villarreal… pero nomás quizá, quizá, quizá… Bye, bye Marucha…

El cinismo se goza en su fechoría. Para el cínico, la democracia carece de significado y de razón de ser. Con el mayor desparpajo, al corrupto lo convierte en juez… ¿Recuerda el desfalco de los 90 millones de pesos en el Tribunal Superior de Justicia? Al ínclito magistrado no le han fincado ni le fincarán ninguna responsabilidad. Pruebe usted, simple mortal, robar un pan en cualquier tienda de autoservicio. Al cínico se le hace un polvo hablar de democracia y hacer cochupo y trapacerías para ganar una elección y poder seguir pegado a la ubre del dinero público, disponiendo del mismo como si le perteneciera. Igual no tiene empacho en referirse al respeto a la libertad de expresión y hace cera y pabilo con la misma… empezando por los corifeos espléndidamente pagados que cantan sus “glorias” y sus “hazañas”. Y hace alarde de la creación de quién sabe cuántas universidades de nueva creación, aunque las escuelas del sector público a las que por supuesto no envían a sus hijos… carezcan de todo. 

Dese una vuelta por ellas, parten el alma. Recorra la Coahuila que no sale en los promocionales… nomás para que vea cómo “viven” muchas personas… Y es cuando uno se cuestiona y se llena de ira… ¿Cómo pueden dormir después de robarse el bienestar de miles de seres humanos? Y se explica perfectamente, al cínico le vale sorbete generar democracia como modo de vida… porque eso antagoniza con su perfidia. 

Pero en esto tenemos décadas en Coahuila. Vivimos inmersos en un régimen en el que el ciudadano se sabe burlado, vilipendiado, ofendido, irrespetado… pero, pero tampoco pasa nada. Estamos viendo cómo chapotean en la complicidad, en la simulación, en el engaño ad perpetuam, porque el bienestar del que hablan en sus discursos y en su carísima propaganda triunfalista es eso… Mentira… La hipocresía y el cinismo que se viven en Coahuila están elevados a la enésima potencia… ¿Y?

Señores, la alternancia es asunto de vida para nuestra patria chica. Es hora de que dejemos de ser espectadores… Piénselo, por favor.

El valor de la unidad

5 de Noviembre 2016
A mis correligionarios, con mucho cariño y respeto.

El reto de Acción Nacional en Coahuila no es asunto menor, toda vez que la responsabilidad que implica cumplirlo no da para aplazamientos, y quienes lo hemos anhelado por décadas debemos de primarlo, ponerlo por encima de cualquier otro considerando o NO VAMOS A LLEGAR.

La alternancia en nuestra entidad federativa es inaplazable, el estado de cosas que se viven en Coahuila no da para más. El grado de corrupción y de impunidad es verdaderamente escandaloso. El lastre se arrastra desde la administración pasada, con la megadeuda impagable –sólo se han cubierto intereses– adquirida  en lo “obscuro” por el Gobierno del Estado y con la anuencia absoluta del grupo parlamentario del PRI de aquel momento. Si usted, estimado lector, tiene alguna duda respecto a cómo se ha defendido esa ratería perpetrada en contra de los coahuilenses, el último acto tuvo lugar el pasado 2 de noviembre. La mayoría tricolor del Congreso del Estado de Coahuila “sepultó” la controversia suscitada en días recientes respecto a las denuncias por las irregularidades detectadas en la deuda estatal que actualmente alcanza los 37 mil 089.5 millones de pesos, y a la incautación y subasta de bienes relacionados con el extesorero Javier Villarreal y a la comparecencia del procurador Homero Ramos Gloria y del auditor Armando Plata, ante el órgano legislativo, para aclarar las contradicciones que existen respecto a las denuncias que la Auditoría Superior del Estado (ASE) asegura haber presentado por el caso de la deuda y que la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) niega que existan, y lo hizo  como siempre, con su mayoría aplastante. ¿Le queda a usted claro que los legisladores del PRI no representan los intereses de los coahuilenses, es decir, los suyos, sino los del gobernador de su partido?

Vuelvo al PAN. Los panistas sabemos que si no vamos unidos como uno solo, el PRI gana la gubernatura, la mayoría en el Congreso local y el grueso de las alcaldías. La unidad es armonía entre los integrantes de un grupo. La unidad prospera si todos concentramos nuestra energía y la enfocamos a aceptar y apreciar el valor de cada uno y lo que cada uno puede aportar a la encomienda, sin perder de vista la lealtad que le debemos al objetivo común.

La unidad se erige a partir de una visión compartida, de una esperanza realizable, de una causa para el bien común. La unidad aporta sustancia, fuerza y valor para hacer que lo imposible se vuelva posible. La tarea se hace más liviana cuando se acompaña de la determinación y el compromiso. La unidad no fructifica si no hay armonía dentro del propio ser y entre las personas del grupo. Uno debe primero en la soledad determinar su capacidad, su potencial y su especialidad y después entrar al grupo para ponerlas al servicio del objetivo común. Requisito sine qua non para que exista eficiencia individual es que haya claridad y limpieza en las motivaciones y en las intenciones. La grandeza de este valor tan bello es que en la unidad SE RESPETA A TODOS.

Si en nuestro trato nos permitimos la crítica destructiva, más devastadora aún cuando se hace a espaldas y con extraños, difícilmente se dará la sintonía. Las estridencias de la maledicencia hacen mucho daño, convierten distancias en abismos. Los egos desbordados y los complejos de inferioridad generan disonancia, acrecientan las debilidades de los demás en la compulsión de ser reconocido –al político inmaduro y mezquino se le vuelve delirio–, las personas se tornan agresivas y en muchos casos majaderas, y esto provoca oposición y conflicto.

Cuando entre hermanos de la misma lucha entra la insidia, la unidad se rompe, empieza a resquebrajarse y entonces va el retroceso, los puentes se van cerrando y las murallas cobran su espacio. Abrirle la puerta a sentimientos o cuasi sentimientos tan burdos como la antipatía, la envidia, el rencor… equivale a cortarle el paso al entendimiento, al diálogo, al ser racional que todos llevamos dentro y entonces ocurre el caos. Hay seis panistas que han dicho que aspiran a ser los candidatos a la gubernatura y sólo va a poder ser uno o una. Pero si al que vaya a ser, desde antes de la designación del Comité Ejecutivo Nacional, los simpatizantes de uno o de otro no abonamos con nuestra generosidad y con océanos de camaradería castrense a prepararle el trayecto, tengamos la certeza de que nuestra derrota está anunciada. Dejaremos de manifiesto que nos queda grande el saco, que no podemos con el desafío de aportarle a Coahuila la alternancia y cuanto ello conlleva, fortaleceremos con creces a nuestros adversarios y sobre todo, sobre todo, nos habremos fallado a nosotros mismos por nuestra incapacidad PROBADA para la concordancia y de paso… les daremos la razón, a quienes nos tienen en ese concepto.

No se vale… ¿Con qué derecho estamos atentando contra la gran causa de Gómez Morín y de todos los hombres y mujeres que antes que nosotros soñaron y trabajaron, con toda la adversidad por delante, pero con el corazón bien plantado, por hacer del ejercicio del poder público algo honorable y a favor de México? Coahuila es México.

De dulce para la Muerte…

29 de Octubre 2016

Si algo tengo bien presente de mis años niños llegado el mes de noviembre, son dos asuntos: la devoción de mi madre de ir al panteón a llevarles flores a sus muertos el mero día 2, y el otro… el otro era el mío, mis calaveritas de azúcar con el papel plateado en la frente en el que se distinguía mi nombre, eran una fiesta deliciosa que se deshacía en mi boca con cada mordisco que les asentaba. Rosario me compraba mi ración correspondiente con tal de que la dejara limpiar la tumba, poner las flores y hacer sus rezos.

A lo mejor por eso la muerte nunca me ha producido miedo, me acostumbré a concebirla como un postre de noviembre, a relacionarla con una fecha que para mí nunca fue sinónimo de dolor ni de partida, y seguramente algo tuvo que ver con mi afición de ir a los panteones en mis tiempos de estudiante de Licenciatura… sí, cuando no teníamos alguna clase, mi amiga Rosalía y yo nos encaminábamos al cementerio que bien cerca nos quedaba de la facultad y nos íbamos a cantar y a bailar en las tumbas, y a decir poemas, inclusive hasta una limpiadita le dábamos a algunas lápidas olvidadas. El panteonero nos echaba cuantas veces nos encontraba “faltándoles al respeto a los difuntos” –así nos decía con voz iracunda y con la pala en alto, amenazante–, pero eran las mismas que nosotras regresábamos a hacer lo mismo. Teníamos la idea de que los muertos estaban encantados, de que los sacábamos aunque fuera un ratito de su silencio eterno.

No niego la cruz de mi parroquia, en nuestro amado, bello y bullanguero País, la muerte es cuestión de risa y de fiesta para los fieles difuntos. Forma parte de nuestra idiosincrasia, nos reconocemos en ella… ahí tiene a la inigualable Catrina de Posada, muy curra y salerosa carcajeándose de sí misma, muy distinta de la impresionante Coatlicue de los ancestros mexicas, con el ceño hosco, más hosco por la piedra en la que labraron su imagen.

Nos reímos de la muerte, le cantamos con gozo: “La muerte ciriquisiaca jalando su carretón, parece una sombra flaca bailando en el malecón…” Y ¿qué tal los dichos alusivos a la Huesuda?: “matrimonio y mortaja del cielo baja”, ”mujeres juntas ni difuntas”, “el muerto al pozo y el vivo al gozo”, “el que por su gusto muere hasta la muerte le sabe”, “el muerto y el arrimado a los tres días apestan”, “de limpios y de tragones están llenos los panteones”.
El Día de Muertos se celebra en nuestro país desde tiempos inmemoriales, nuestras dos culturas madres, la mesoamericana y la hispana le aportaron a la hija mestiza tradiciones de ambas, por eso somos un pueblo que le damos una acepción tan singular. La muerte es principio y fin a la vez, es el inicio de la eternidad y el cierre de lo perecedero.

El Día de Muertos recordamos. Y recordar, del latín re-cordis, es volver a pasar por el corazón, es volver a caminar por mi memoria. Yo recuerdo a mi madre todos los días, pero evocarla no me genera dolor, sino todo lo contrario, me llena de alegría, a veces me rio hasta a carcajadas porque mi madre sigue siendo sol y luz en mi vida, mi roble frondoso y fuerte… y me resulta imposible recordarla con llanto. Extraño su presencia física, pero está tan vivo cuanto era que sigue estando presente y eso me genera una serenidad y una paz interior inigualables.

Me gusta el colorido de la celebración de difuntos, los cempasúchiles, las veladoras, el papel picado, por supuesto las calaveras de azúcar, la comida y bebida, el incienso y el agua. Me encanta que haya un día, el 1 de noviembre, dedicado a los “angelitos” a los “muertos chiquitos”, y que se estile en los altares tan bellos que se ponen en las casas colocar juguetes y golosinas en su honor. Estoy cierta de que el mundo no se detiene y que todo va cambiando, es ley natural, pero me preocupa sobremanera que estas tradiciones tan nuestras se vayan perdiendo en la andanada de cuanto nos viene de fuera. Y que sea hoy día el Halloween, ajeno por completo a nuestros orígenes, el que vaya ganado terreno en el ánimo y en la memoria de los niños mexicanos.

No estoy peleada con lo extranjero, ni padezco xenofobia, pero no perdamos el gusto por lo nuestro, por lo que nos da identidad y pertenencia. Los altares de muertos y las festividades en los panteones son expresiones mexicanas, tenemos el deber de salvaguardarlas, hacer que nuestros niños las conozcan, las vean, las  disfruten, se enorgullezcan de ellas, porque en ellas va implícita la genética de la patria. Que no alteren las celebraciones extranjeras la riqueza incalculable de nuestra cultura, somos el pueblo al que le cantaba López Velarde en su “Suave Patria”, y es que México es así… suave como la tierra húmeda, cálido como un sarape de Saltillo… y dulce, tan dulce como las calaveritas de azúcar que me encantaban cuando niña…

Sin medias tintas

22 de Octubre  2016 

Cada vez se vuelve más “light” nuestra conducta, hemos entrado a un limbo de permisividad en el que el pragmatismo ha ido ganando terreno, y venderse hoy día por “un plato de lentejas”… o por un millón de pesos… o por lo que le ofrezcan y usted acepte, se ha vuelto de lo más común y corriente. Ya no hay congruencia entre lo que se piensa, se dice y se hace, porque eso es la congruencia, una armonía entre pensamientos, acciones y emociones. Necesitamos hacer un verdadero acto de inmersión, de recapitulaciones interiores, de encaramientos con nosotros mismos, de darle a nuestras palabras el aval de los hechos, y la coincidencia debe de embonar con precisión matemática. 

Y todo este preámbulo, estimado lector, obedece al tema que hoy me voy a permitir compartir con usted. Solemos hablar mucho de cambio, del cambio que nuestro País, que nuestra entidad federativa, demandan, sobre todo cuando aludimos a los gobernantes, a la clase política, pero el primer cambio que se requiere es el personal, el que nos atañe como individuos con voluntad e inteligencia. Los gobernantes van a tener que modificar sus conductas, cuando empiecen a caer en cuenta que no bastan las urnas para generar confianza a la población, porque la confianza se gana con hechos, no con lengua, ni con  promesas hechas al vapor de la pedidera del voto a favor. Es urgente que al político se le exija la ratificación de confianza con su actuación, es insoslayable que honre con hechos lo que prometió en campaña. Se debe de traer de nueva cuenta al ser humano al ejercicio del cargo público, recordarle todos los días que es una persona y que gobierna para personas. Que los votos que se le otorgaron en las urnas fueron nada más el medio para llevarlo al sitio desde donde tiene que generar bien común. No se debe permitir que se queden en calidad de buenas intenciones sus promesas de campaña, dice el viejo adagio que “el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones”.

Necesitamos políticos con valores y principios, porque en el plano de las relaciones sociales o políticas se requieren hombres con esas prendas interiores. Separar de la política a la ética conduce a la tiranía. 

Ejemplos nos los da por toneladas la Historia. De sinvergüenzas y pillastres estamos hasta la coronilla… ¿O usted no? La política necesita dignificarse, por ello usted no se debe permitir seguir llevando a los cargos públicos a vividores y sinvergüenzas. Decía Platón 500 años antes de Cristo que los políticos deberían tener 3 características: Veraces, trabajadores y honrados. Quien cumple con estos requisitos es CONGRUENTE consigo mismo. Al arte del buen gobierno se le denomina POLÍTICA y los políticos son quienes tienen la responsabilidad de que esto entre al terreno de las realidades. Gobernar no es simplemente OCUPAR un cargo público, implica dirigir todos los esfuerzos hacia una mejora continua de los gobernados, en todos los ámbitos: social, educativo, laboral, cultural, de libertades, económico.

 Vivimos tiempos en los que la corrupción política y social nos resulta tan ordinaria que no alcanza para dejar de votar por corruptos. Es más, la cultura política imperante ha generado el que muchas personas piensen que solo “los vivos” ganan elecciones, esas “vivideras” incluyen trampas, mentiras, acuerdos en “lo oscuro”, compra de conciencias, bueno, hasta crímenes…con tal de alcanzar el poder. Hoy día los niveles de corrupción y de impunidad son escandalosos, tanto, que la ética se va antojando casi, casi, como una quimera, como algo absolutamente imposible de alcanzar.

En Coahuila la corrupción y la impunidad han hecho estragos, pero la gente no reacciona. Son 80 años de partido hegemónico en el Ejecutivo estatal y en el Congreso, el autoritarismo imperante ha ido dañando las instituciones que le dan fortaleza y credibilidad a un gobierno. En Coahuila el estado de derecho, que estriba en el respeto a las leyes y al ordenamiento jurídico por parte del poder político, el respeto a las instituciones y a sus funciones, la separación de poderes y la descentralización del poder, como efectiva garantía para la vigencia de los derechos humanos, no existen…pero no pasa nada. A Duarte, el gobernador veracruzano con licencia, hoy prófugo de la justicia, le están fincando responsabilidades por lo mismo que acusan al Gobierno estatal de Coahuila: el pago de cantidades millonarias a empresas fantasmas, pero aquí en una semana “arreglaron” el “impasse”. 

El periodista Pedro Ferriz acudió ayer a declarar al Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México, tras la demanda interpuesta en su contra por el ex gobernador de Coahuila Humberto Moreira por supuesto daño moral y daño patrimonial. Y no ha habido ninguna muestra de solidaridad hacia Ferriz de ninguno de los agraviados a los que se desvalijó durante la administración del profesor. Cuando denuncié ante los medios de comunicación por primera vez, las raterías traducidas a la megadeuda, la respuesta fue una victoria contundente para el PRI en el proceso electoral. Ah…volvieron a reformar la Ley de Deuda Pública los corifeos que integran la mayoría en el Congreso local… ¿sabe a quienes fastidiaron con semejante…? A LOS COAHUILENSES

¿Qué vamos a hacer?

domingo, 6 de noviembre de 2016

Ser sinvergüenza está de moda

15 de Octubre  2016

Sin duda que la transparencia constituye algo bueno para la política, a pesar de que los ínclitos en el poder se empeñen en empañar cristales y correr cortinas para no dejar a la vista sinvergüenzadas y trapacerías; no obstante, no hay día que no se exhiban en proyección nacional y a todo detalle. La transparencia contribuye a la sanidad de la democracia, aunque esto les importe un bledo a muchos de los que cobran en los cargos públicos, y ni sudan ni se abochornan cuando se embolsan lo que no es suyo. 

La política, cuando se ejerce con pulcritud, genera trasformación positiva de las condiciones de vida de la realidad de millones de personas. Así ocurre en aquellas latitudes en las que se entiende y se practica de esta manera. El Estado como hecho político por antonomasia debe reivindicarse porque se está yendo al traste su objetivo sustantivo, que es generar BIEN PÚBLICO. Dados los eventos que han venido presentándose en nuestro país, cada día se antoja más lejano alcanzar este fin, que más que fin va pareciendo quimera.

Los estándares de moralidad pública andan por los suelos, pero lo más desconsolador es que parece no importarle a casi nadie. Me duele pensar que la sentencia de Marco Tulio Cicerón, el brillante tribuno de la Roma antigua, tenga vigencia en nuestros días, dada la desvergüenza de los políticos y la indiferencia de un pueblo al que ya no parece hacerle mella: “Tal y como son las personalidades en los asuntos públicos así suelen ser los demás ciudadanos”.

Pesan los muchos vicios de un sistema político que debiera estar en decadencia, pero no lo está ni por aproximación. La oligarquía sigue viva en nuestro país porque la complicidad y la marginación, no sólo material sino de intelecto, lo han permitido. Lo único que ha tenido que hacer el régimen es dejar bien claro que todo se puede hacer, siempre y cuando no se metan con su hegemonía.

El sentido de ciudadanía, de jerarquía ciudadana, de dueño de la casa NO HA PERMEADO, la condición de súbdito continúa imponiéndose sobre la de ciudadano. 
La diferencia se explica porque el súbdito está acostumbrado a la genuflexión perenne a cambio de la dádiva miserable con que lo mantienen asido. El ciudadano se sabe sujeto de derechos y deberes. Y de ahí su vocación intrínseca de participar en los asuntos de su comunidad, de tomar decisiones y fijar prácticas que conlleven a la convivencia civilizada, pero aquí eso casi no ocurre.

En México, la corrupción es un cáncer extendido y lo sabemos. Sabemos de las corruptelas de todo tamaño, del mal uso del dinero y de los bienes públicos, de los “moches” que se han convertido en algo cotidiano, de la mordida, de las partidas que no se ejercen y se diluyen en la “nada” del solapamiento, de los “lavados de dinero”, de los enriquecimientos millonarios de la noche a la mañana, del despilfarro y los gastos suntuosos… ¿Y qué? Hay una ristra de conductas vergonzosas de la clase política que a la gente ya le parecen “normales”, aunque de eso no tengan nada.

Hacernos de un bagaje cívico moral no es asunto de leyes solamente, sino de que la mayoría estemos convencidos de que se requiere el ejercicio de prácticas colectivas de ética pública. Renegamos entre cuatro paredes de los malandros que a lo único que llegan al puesto es a robar, a robar a manos llenas y en la absoluta impunidad… ¿qué ganamos con eso? A la hora de ir a votar no pesa en el ánimo ni en la voluntad la corrupción de la que renegamos. En Coahuila, el PRI sigue ganando elecciones, lo que sucedió en la administración de Humberto Moreira no tiene nombre y aunque la corrupción pesa en el descrédito generalizado que arrastra su sexenio, no alcanzó para que la población se sintiera ultrajada y decidiera, DESTACO, cobrar en las urnas el agravio. Hoy, el escándalo de las empresas fantasmas a las que la administración estatal pagó cantidades millonarias tampoco tendrá consecuencias… ¿Sabe por qué? Porque  aquí no hay división de poderes, el sometimiento al Ejecutivo es absoluto.

No nos es exclusiva la debacle, también Veracruz padece. El cinismo de Javier Duarte exhibido sin sonrojo alguno esta semana, sus declaraciones en las que manifiesta ser más puro que la Inmaculada… ¡Qué forma de insultar la inteligencia! No me ciego con Guillermo Padrés, si dispuso de lo ajeno, si se atrevió a burlarse de la confianza que le dieron sus coterráneos, que pague sus delitos. El día que la ley se imponga sin miramientos y su aplicación deje de ser discrecional, sin duda que iniciará un proceso de cambio real, no el de pacotilla que a cual más ofrece durante las campañas electorales.

sábado, 5 de noviembre de 2016

De su reflexión depende…

8 de Octubre 2016
 
El año próximo seremos alrededor de 1 millón 967 mil almas –seguramente variará un poquito porque este dato es a la fecha– quienes tendremos derecho a elegir el destino político de nuestra entidad federativa, con repercusiones en los diferentes ámbitos: 
económico, social, cultural, laboral, etc., en lo que esto impacta. Y los invito a que no vayan a renunciar a ello. El costo generado por la indiferencia, el desdén, la apatía, el “al cabo a mi qué” ha sido muy alto para Coahuila, usted lo sabe. Cuando usted no vota, hay quienes lo hacen por usted. Electos van a haber, con su voto o sin su voto, aunque sea una minoría la que los elija. Aquí no hay segunda vuelta, ni porcentajes específicos para ganar una elección, aquí si X saca dos y Z tres, gana Z. No nos distinguimos por ser un Estado en el que se acuda a votar de manera notable. De hecho, México no destaca por su altos niveles de participación política y menos tratándose de elecciones. 

Los elegidos son los que son, en mucho, gracias a la abstención. En Coahuila gana el abstencionismo de forma impresionante, realmente quienes han definido que no tengamos alternancia en el poder Ejecutivo Estatal, ni mayoría diferente a la tricolor en el Congreso, ni división de poderes –que es una desgracia–; que tengamos megadeuda con impunidad garantizada, entre otras “perlas”, son los que no votan. Hemos tenido elecciones en las que sólo sufragan alrededor del 40 por ciento del listado nominal… ¿y el 60 por ciento? Esto está más que probado que ha sido DAÑINO para Coahuila. Si repetimos el numerito el próximo año, quien sea votado por sólo la mitad más uno de ese 40 por ciento puede convertirse en Gobernador o Gobernadora, en Alcalde o Alcaldesa, Diputada o Diputado. O sea, uno de cada cinco coahuilenses va a determinar las próximas autoridades. Los electos ganarán si usted así lo decide, con poco más del 20 por ciento de los ciudadanos con credencial de elector. Mire nomás qué sustento van a llevar los ganadores: 80 por ciento de abstencionismo.

El abstencionismo es para la democracia lo que el ácido clorhídrico para los metales. Necesitamos gobernantes y legisladores que representen mayorías. Abstenerse es un acto de irresponsabilidad que daña a toda la comunidad, incluyendo, por supuesto, al que abdica de su derecho. A quienes han gobernado siempre en Coahuila les va de maravilla el abstencionismo, toda vez que con su fluctuante 30 a 32 por ciento tienen para seguir mangoneando a su antojo la entidad, quintuplicar el peso de quienes integran su primer círculo, de su clientela electoral y de su corte de colaboradores. Con la abstención se mantiene en firme la ausencia de alternancia y con ella a las dos gárgolas que están pudriendo a nuestro Estado: la corrupción y la impunidad.

Quejarse entre cuatro paredes de esta realidad, mentar madres en la intimidad y desearles todos los males del mundo a la nomenclatura que por siempre ha gobernado en Coahuila, no tiene ningún sentido, es absolutamente estéril. Los jóvenes, que son el sector que más desdeña a la clase política y que se manifiesta harta de su existencia, son los más perjudicados con el abstencionismo porque la corrupción imperante se fortalece y les resta día a día la posibilidad de generar condiciones para que accedan a mejores niveles de vida y se realicen como personas exitosas. Por favor, despotricar en Twitter o en Facebook sobre la desvergüenza de uno y otro político no cambia lo que está dañando a Coahuila. No se conformen con insultarlos y criticarlos porque eso NO RESUELVE NADA.

Amigos todos, un síntoma contundente del grave mal que fustiga a nuestra enteca democracia es sin duda alguna la entronización de los más desvergonzados, vividores y corruptos, a los altos cargos públicos en la entidad. No tiene nombre lo que se vive en Coahuila. Estamos frente a una demolición permanente de los valores y la violación sistemática de la ley. Tenemos conocimiento de manifestaciones públicas y notorias de la ínfima calidad moral y hasta intelectual de muchos de los liderazgos que aquí viven y moran… Y NO PASA NADA.

Y no es suficiente nada más con ir a votar para acabar con semejante despropósito, se tiene que analizar la trayectoria de los candidatos con lupa. No es cierto que todos los políticos son sinvergüenzas y rateros y que da lo mismo votar por uno que por otro. No propicie el “juego” de que “ahora te quitas tú para ponerme yo” y que todo siga igual. Esto sucede cuando se vota sin reflexión. Ya basta de acudir a las urnas en esos términos. Haga que les duela hasta el alma la derrota a los que pierdan y a los que ganen que les de pánico no estar a la altura de las expectativas de la confianza otorgada con el sufragio. Cóbreselas a su partido y a ellos mismos si no se comportan con probidad y responsabilidad con el NO a su reelección en el siguiente período. También los partidos tienen que asumir el costo de andar proponiendo candidatos sin principios y sin compromiso con la ciudadanía. Necesitamos gobiernos y congreso conformados por personas honorables, talentosas y con espíritu de servicio, pero usted tiene que elegirlas con la cabeza fría y privilegiando sus hechos, no lo que mercadea la propaganda electorera, de ahí la relevancia de que no decida a ciegas, sino con elementos contundentes que le digan quién es quién.